viernes, 11 de agosto de 2017

El Rapto


Sentado sobre una piedra observando a la nada para relajar mi vista y mente, así me encontraba, reflexionando sobre mi vida, si lo que viví fue bueno o malo. Sí que estaba cómodo sobre la dura piedra. En el horizonte a mi alrededor la nada, sin edificios, solo campos, unos pocos árboles, muchas rocas, y sobre ellas, otros en las mismas que yo, pero eso no me intranquilizó, por el contrario no me importó, pues cada quien en lo suyo, así estuve por un tiempo sin tiempo. 
Cuando frente a mí, como agua de río, gotas tras gotas, una multitud de personas por detrás de una que iba adelante de ellos con un libro en mano, estos iban alabando y gritando, repetían cómo autómatas al que seguro era su líder, eso me trajo de mi meditación, pues la fila era enorme, una larga muy larga e interminable, la cual no se detenía, nadie de los que iban en ella miraban hacia mí, ni para ningún otro lado que no fuere adelante, como si llevarán en sus ojos tapa ojos, los que usaban las bestias en las enormes ciudades modernas, se les veía aturdidos, afligidos, pero convencidos de que iban con bien, felices de pertenencia a esos ríos de agua viva. 

Recuerdo que cuando pasó frente a mí el primero, quien encabezaba la enorme multitud me invitó a seguirlo, que me integrara a esa fila, me prometió mil cosas, entre ellas la más importante: La Vida Eterna. 
Sin hablar dije; no gracias, luego llegó aquel misterioso río de personas autómatas, las cuales repetían al unisono lo que el primero les decía, ese río de personas nada las detenía, convencidos andaban y caminaban, eran soldados que iban a una batalla siguiendo a su comandante con libro en manos como única arma.

Pasó otro tiempo ya sin tiempo, y vi hacía donde se dirigían, el primero se difuminaba en el horizonte a kilómetro de donde yo sobre mi piedra cómodo estaba, ellos caminaban sobre arena movediza, lo sé porque lo escuchaba y además una buena polvareda levantaban. Mi vista era la de un halcón u otra ave depredadora cuya característica es esa, la excelente visión; qué raro me dije, si tengo pterigión, pero miraba muy bien, al hacerlo vi cómo de aquel extraño campo llegaban al final y el primero que cayó al desfiladero o barranco o cráter o alguna profunda hondonada, o alguna urna mortuoria para enterrar a multitudes como en el holocausto recién pasado uno detrás del otro caían y desaparecían; a pesar de que la fila nunca acababa. 
Me dije; faltarán muchos más y vi para el lado contrario y efectivamente sobre el horizonte aparecían miles más, parecían Apaches que asomaban sus plumas sobre la montaña dispuestos a atacar a la inocente caravana. 

Eso sucedía y sucedía, pero no era solo frente a mí, pues, levante la vista y vi más allá y frente a otros como yo sobre su roca, otros miles también desfilaban, voltee para ver atrás y lo mismo, me dije; y esto qué será, pues para donde veía, lo mismo sucedía, nada los detenía, y todos con el mismo final, la meta prometida, caían y desaparecían. 
Lo sé, porque justo en uno de esos tiempos sin tiempos comencé a levitar y sobre la cómoda piedra me vi flotar, como si fuera un globo con helio yo y los otros que estuvimos sobre aquellas extrañas rocas flotábamos y ascendíamos al cielo, mientras subíamos sentíamos un fuego en nuestras almas y una alegría inexplicable pero, al tiempo yo veía aquellos ríos de personas que seguían su andar hacía una muerte segura, pero eso a nadie le importaba, todos iban seguros de que lo que les esperaba era lo prometido por siglos por otros que no eran más que uno de ellos que un día se les paró enfrente y les dijo lo que deseaban oír. 

Pero aquellas pobres ovejas hacia el matadero ya no me importaban, ahora lo que me entusiasmaba era que yo levitaba y seguía ascendiendo, mientras más subía, los cielos se volvían más claros y blancos y de ellos, trompetas nos anunciaban que llegábamos, mientras tanto, los ríos seguían su natural flujo hacía un mar, un lago de fuego que estaba en aquel agujero por donde yo vi que caían y desaparecían. 
Todo abajo se hacía más chico y entre los ríos de personas y nosotros, nubes translucidas que nos permitían aun ver, pero yo ya no quería ver, mejor vi al lugar para donde yo iba sin saberlo y sin pedirlo. 

El cielo se abrió, cómo cuando se desgarra la tela, así se partió, lo que un día fue azul debido al efecto que causa el oxigeno al contacto con los rayos solares, me refiero al fenómeno que convierte en azul el cielo, pues donde ya no hay oxigeno este es negro, muy negro, oscuro tan oscuro, cómo la nada, y fue justo ahí, donde el velo negro se rasgó, lo sé porque escuché el sonido de rasgadura y el infinito se abrió y de aquella espeluznante oscuridad, salió una luz brillante, más fuerte que la de mil soles juntos, pero su intensidad no me cegaron, su calor no me calcinó, solo me iluminó, en un ser de luz me convirtió. 

Fue entonces que supe que el gran día había llegado y que no fue como se imaginó, yo había sido junto a los otros que sobre roca firme siempre estuvimos Raptados, como ÉL lo prometió. 

Sí, el cielo esperaba por mí, la Vida Eterna estaba frente a mí, me regocijé y en ese lindo y esplendoroso lugar jamás imaginado entré, por detrás de todos los elegidos al nomas entrar, escuchamos un estruendo cómo de millones de rayos juntos; era que nuestro hogar estaba siendo purificado, destruido para dar inicio a un nuevo ciclo, todo lo que en él quedó, seguro se esfumó, nada quedó, mientras yo y los demás conocimos a quien todo esto nos prometió y nos lo heredó. ÉL nos explicó; que muchos equivocados siempre estuvieron, que nunca comprendieron y que prefirieron seguir a los falsos que ÉL advirtió que llegarían y que serían tan convincentes que tendrían mas seguidores que ÉL mismo llegó a tener, pues realmente los que ahí estábamos no eramos como los que vi desfilar uno detrás del otro como si fueren gotas de agua que forman un caudaloso río. 

Aunque ahí el tiempo no existía por este pertenecer al hombre, no sé cuanto realmente fue que nos regocijamos y disfrutamos de la Vida Eterna, la cual, no era más que una purificación para nuestras almas, fue maravilloso, tan lindo que no hay palabras que lo puedan describir. 

Pero según escuché; fue al séptimo día en aquel espectacular lugar que ya el planeta estaba listo y dispuesto para recibir a la nueva generación y fue entonces que así como llegamos regresamos, el manto se rasgó y de nuevo yo al igual que miles más nacimos, por la misma rasgadura regresamos a poblar nuestro hogar. 

En este; un nuevo olor, un nuevo color, nuevos sabores, todo era inocencia, todo era paz, nada de envidias ni muchos pecados capitales juntos los que seguro llegarían con los siglos. 

La vida había iniciado una vez más, pero esto yo lo supe antes de regresar, pues una vez nacido nada pude recordar. 

¿Verdad o ficción? juzgue usted, pues recuerde que tiene libre albedrío y será usted quien decida a quien debe seguir, quien decida si lo que hace hoy es lo correcto o esta siendo equivocado o engañado, si esta creyendo en los miles de falsos, en lobos con piel de ovejas.

Bueno, no diré más, pues lo que se ve no se pregunta. Mejor medite y hable directamente con el Señor de Señores. 

No recuerdo que ÉL haya dicho: Tengo intermediarios, a no ser, los que tuvieron contacto directo con Él.