jueves, 13 de noviembre de 2014

Pensamientos de un cuarenton

En algún lugar, se que ella se encuentra ahí ahora y tambien se que estará muy bien.
Hace tiempo que no la he vuelto a ver, _¡vaya que si la extraño!  No he podido ver a ninguna otra mujer, _¡Lo sé! Ella fue la que en mis oraciones yo pedí. 
Recuerdo cuando yo era alguien sin rumbo, ni destino, nada importaba, solo pura diversión; si hacía sufrir, ¿eso a quién le importaba? todo era eso, solo diversión. 
"Cierren sus gallineros, pues mi gallo anda suelto". _jajaja. Ese era mi refrán.
De pronto, llego a mi vida, esa que aún no quería que llegará, pero llegó, y que se la va a hacer, me refiero: a la madurez.  A partir de ese día, hice mi oración y a Dios le pedí, a alguien de bien; y, apareciste tu. Entonces, la diversión terminó, llegaron juntas: la madurez y tu. 
Y, entonces mi vida cambió, seguro que para bien. Eso me digo hoy.
_Pero dime ¿adónde te has ido, qué no te puedo ver? 
_¡Cómo te extraño!
_¡Sí!, te busco y no te logro encontrar. Ella, se marchó, cuando quise volver a ser lo que antes fuí y ahora arrepentido si que estoy, el tiempo ya paso, el tiempo me rebaso y me atropelló. 
Los gallineros hoy, me quedaron grandes, ahora solo quiero a mi polla y esa no está.
Será que envejecí, o estoy a punto de llegar ahí, y no lo quiero aceptar; pero tendré que hacerlo, la vida es así. ¡Hombre siempre fuí! y eso es lo que ella encontró en mi, por eso debe regresar. Dolida está, pues su respeto perdí, ahora comprendo que sí, ahora que ya envejecí, ya no soy el mismo que aún quiero ser. Será ésto, a lo que le llaman: la calentura de los cuarenta, dicen que es algo normal, pero ella no lo quiso así entender. Si ella supiera que arrepentido estoy y que la extraño mucho, seguro a mi regresaría.
Mi dilema: libertad o libertinaje, juventud o principio de vejez, soledad o compañía, amor o desamor, volver o dejarla ir. 
Un desorden, este lugar es, ¡que me importa! lo único que quiero, es volver a vivir y eso no será posible sin ella aquí. 
Me acerqué al espejo y que veo en él: Un fracasado, con hilos de plata naciendo en mis sienes, arrugas: patas de gallo en mis ojos, una papada quiere tomar el control, mi barba de días. 
que se está volviendo gris! ¡carajo! Nunca pensé que la vida sería así, cuando tenía mi vida dividida entre dos, todo era diversión, solo trabajaba para mi, nada de compartir, el dinero no me alcanzaba, pero era todo mío, ahora no me alcanza y no es mío todo ese dinero. 
Lo mio es de ella y lo de ella es mio, ¡que gran mentira!, pero esas son las reglas, ¡nada que hacer! 
_¿Me rasuro? _¿Me baño? _¡Creo que huelo mal! _¡Va, no tengo a quien lucir! 
_¡Que injusta es la vida! Creo que el hombre debería de vivir más, como unos 200 años. Ahora solo sería un pre adolescente, ¡¡Larga vida a mi virilidad!! Eso significa, que debería haberme casado con ella cuando tuviera mas o menos... ¡Unos cien años! ¡Qué maravilla! Y, no es que no la ame, es que el tiempo ahora se me hace corto; despierto y cuando caigo en cuenta ya estoy a punto de dormir otra vez. _¡Claro! es que antes me levantaba y me iba a estudiar o, mas tarde a trabajar y luego al caer la noche, ¡empezaba a vivir! ¡Sí! en la noche empezaba la verdadera vida para mi. Eso es, dormía menos y vivía más. 
_¿Qué hará ella ahora? _¿Me recordará? _¡Seguro arrepentida está! Y, a mis brazos quiere volver.
Bueno, ¡ven ya! que me muero por volverte a ver. Mi tristeza aquí, se esta apoderando de mi, de la casa, de mi refri, ¡claro! con razón no tengo nada para comer. 
_¡El pizzero!, ¿creo qué se está enamorando de mi? 
_¡Agwww! ¿Qué pensamiento tan bizarro? 
_¡Vuelve yaaaaaa!
Seguro que ella está bien, pues, ellas maduran antes que nosotros y esa madurez les dura el resto de su vida. Somos nosotros, el sexo duro, el fuerte, los que regresamos a una infancia, pero una infeliz, nada puedo hacer si ella no esta aquí. ¡Diantres! si alguien me lo hubiera dicho; mi tiempo habría sabido vivir, digo: ¡vivido mejor!
Mejor me voy a dormir, ya es hora, otra vez se me pasó el día, mañana, ¿será que volverá? tengo que ir a trabajar, me tendré que bañar y rasurar, otra vez una semana inútil, sin motivación, rutinaria. _La rutina, ¡esa si que acaba con cualquiera! 
Un momento, antes no tenía estas cejas tan enormes, parecen antenas de cucaracha y estos pelos en mis orejas, que asco y mírate, ese que antes fue un lavadero, ahora es un cesto lleno de ropa sucia. 
_jajaja ¡me refiero a mi enorme panzota! Mi abdomen enorme, no hace juego con estas tristes extensiones, secas, que salen de mi hacia el suelo, parecen gusanos peludos, mis dos piernas flacas, y tú, ¿será que mañana si me despiertas? Como lo hacías cuando eramos jóvenes. 
Si fueras un despertador, te programaría para que me despertaras como a eso de las seis; 
_jajaja te imagino tiesa y vibrando como campaña de reloj. ¡Va! mejor me acuesto, mañana hay que madrugar.
Y, si esta semana no regresas mujer, ten por seguro que la próxima voy por tí. Y nunca volver a dejarte a escapar, solo tu me puedes aguantar, ahora que ya no tengo un solo atractivo. 
Llego ese día, y nada lo puede detener ya, para allá voy, no quiero llegar hasta ahí, solo no desesperes ni me vengas a buscar, no te quiero,  ni te extraño, ¡me oyes!.. Tercera edad. ¡Diantres! ya se dejo venir. Y, nada ni nadie la podrá detener, ya pronto seremos tres: mi mujer, yo y ésa.. ¡La tercera edad!
¡¡Otra con quien lidiar!!  


  

Un día más

Siguiéndote estoy, 
un día mas,  y tu no estas.
Todo aquí sigue igual, pues tu no estás.
Deseo soñar, tal vez ahí si estarás.
Cada amanecer es, un día más.

Deseo llorar, pues tu, aquí no estas. 
Sigues sin aparecer, un día más.
Noches vacías, noches frías. 
Días van y días vuelven
y, tu sin volver, tu no estás. 
Un día más.

Una noche más.
Te busco entre las estrellas y ahí no estás.
La luna me esconde, su excelente brillar.
Una noche más, que tu no estás,
deseo dormir, tal vez ahí te logre hallar.
Un día más y, tu no estás.

Quiero llorar, solo logro sollozar.
Un día más, para ti y para mi.
Pero tu no estás.
Quiero gritar, solo logro musitar.
Una noche más y tu no estás,
quiero huir, pero regreso... 
por si acaso quieres regresar.

Un día más,
una noche más,
una lagrima más,
un grito más,
un sueño más.
Y, ya vez, todo sigue igual,
desesperado estoy 
y hoy no puede llorar.

Un día más y tu no estás,
un día más y tu sin regresar,
un día más, primaveras que se van,
un día más, quiero llorar, pero solo puedo sollozar.
Un día más, quise gritar y solo pude musitar.

Un día más, por ti.
Un día mas, por mi.
Un día más por ti y por mi.
Un día mas, por nosotros,
y tu no estás... ¿dónde estarás?... ¿cuándo volverás?
Sin ti, la vida es, solo: 
¡¡Un día más!! 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

HOSPITAL GENERAL

Sentado en una de las bancas de un Hospital. Uno, de cualquier lugar. Esperando a que le realizaran una cirugía menor a mi acompañante y pariente. 
Esas, llamadas: Cirugías Ambulatorias, las que se llevan a cabo; como servicio a la carta; dado a que las salas de encaminamiento no alcanzan, pues, por muy pequeña que sea una cirugía, creo, será necesario como mínimo, unas 24 horas de observación; aunque no soy médico, pero eso creo. 
Les doy, algunos ejemplos: Una cirugía de extirpación de amígdalas, en éste hospital, luego de ella; para afuera... El siguiente. Otro caso: una cirugía estética: Remover un trozo de cráneo, de mas o menos unos 3 cm. colocar el sustituto; la prótesis; un trozo de plástico o platino; injertar un trozo de piel si fuera necesario, ésto según el implante o la prótesis claro... Servido y, siguiente. 

Que se le puede hacer, en una sociedad, en donde la medicina al igual que otros beneficios para el pueblo pasan a segundo plano. 
       Ahí, me encontraba yo, esperando una de estas cirugías, para una pariente mía. Algo a favor, de éstos Hospitales, es que tienen la precaución de que alguien los acompañe pues, no pase y con la anestesia en el torrente sanguíneo, al retirarse regresen a la emergencia, atropellados o en otras condiciones peores.

Entre al hospital, con mi pariente, a tempranas horas en la mañana, al pasar por el umbral de la puerta y dar un paso adentro del edificio, te llega de pronto ese olor, una combinación de medicamentos y solventes de limpieza, clásicos de un nosocomio; nos dirigimos a la isla de la información, en donde ya había una pequeña fila, pues las personas que ahí atienden no estaban físicamente presentes, si lo estaban, pero en otro lugar, esperando tal cual, la serie animada de tv. de los años 60´s: Los Picapiedras, a que sonara el silbato, no de salida sino de inicio de labores para que después de unos diez minutos de aletargado andar, ocuparan sus lugares. Observe, algo que llamo mi atención enormemente, mientras ellos, se dirigían con paso de: fábula de la tortuga, iban caballeros y señoritas, con unos rostros de felicidad, compartiendo entre ellos: anécdotas y chistes hilarantes, pero algo sucedió con aquella alegría contagiosa. Luego de entrar en su isla y de acomodarse cada quien en sus lugares de trabajo; justo en el momento de atender al publico, frente a nuestros rostros, ¡sucedió...! ¡Sí, sucedió algo inexplicable! una transformación, una especie de metamorfosis; mis ojos se aterraron que por un momento mudo quede al ver como esas personas tan queridas y sonrientes, se habían convertido en unos mal encarados, patanes y mal educados, cuando respondieron a nuestra simple interrogante.
_¡Buenos días señorita! ¿me puede informar dónde queda la sala de Admisión? Luego de verme de una manera que creí necesitar una silla de ruedas o más bien, una camilla, pues casi termina con mi vida y mi salud mental.
_¡Qué! ¿no sabe leer? ¡esta por ahí mire! ¡siguiente! 
Nos dirigimos al lugar indicado, mi acompañante y yo, ella, quien ya iba nerviosa por su próxima cirugía. Nos dirigimos hacia esa oficina, con un temblor en nuestro cuerpo. Mientras en la isla de información, las personas que estaban atrás nuestra, quedaron estupefactos, mientras disidían si preguntaban o no. Yo me fijé y ví que, vieron como locos por todos lados, para ver si uno de los letreros que identificaban las oficinas no indicaban el lugar que buscaban.
       Llegamos a la puerta de admisión y lo mismo, adentro, una muchedumbre de uniformados, platicando, tomándose un café, otros maquillándose; pero el denominador común, eran tremendas carcajadas. Mi enferma acompañante me vió aterrada, mientras que yo gritaba en silencio: 
_¡Que no pida que pregunte..! ¡Que no me lo pida! En eso con la voz entre cortada me pidió.
-¿Puedes preguntar tu? yo no me siento bien. Trague un poco de saliva, luego de frotar nerviosamente mi lengua contra el paladar, pues ya llevaba seca mi boca; cuando pude tragar un poco de liquido salival, aclaré mi voz y toque tímidamente la puerta ¿y?.. Todos, sin excepción, voltearon para ver quien osaba interrumpir sus sagradas actividades. En mi mente: volé por el corredor y quede aplastado contra la pared, como si se tratara de un desagradable insecto.
_¡Perdón la interrupción! ¡Buenos días tengan todos!
_¡¡Buenos!! ¿qué quiere? Me respondió el que me quedaba mas inmediato. Con un fruncido en su frente, que nunca creí ver en una persona tan joven.
_¿Quiero saber que hacer? pues, vengo por una cirugía ambulatoria. 
Luego de seguramente pensar: _¡que chinga esta puta gente! siguieron con su alegre coloquio, quedándome con el de la cara arrugada, quien me dijo.
_¡Espere ahí afuera, ya vendrá la enfermera! Con mucha pena y temor le repregunte.
_¿Debo hacer alguna cola? Me vio, pero esta vez su rostro se arrugo aun mas y con tono ronco, me dijo.
_¡No solo espere ahí afuera! Y cerró mejor la puerta, casi en mis narices. Yo volteé y ví, en el mundo de pacientes que esperaban en el corredor, todos alborotados y en sus rostros el mismo semblante que ellos veían en mi. En ese instante, todos, éramos unos zombies, cuerpos sin alma, deambulando por aquel corredor, el cual contenía unas pocas sillas. Nos retiramos mi acompañante y yo, a un espacio que había en la pared del corredor, a esperar. Ahí estábamos, un par de docenas de personas o más, como niños castigados, solo nos faltaban las orejas de burro y estar viendo hacia la sucia pared.
Entre nosotros, a través de aquel largo pasillo, deambulaban: médicos, enfermeras, laboratoristas, visitadores médicos, camillas con enfermos, sillas de rueda con otros enfermos; en fin, era un desfile de diferentes clases jerárquicas adentro de ese Hospital General (o, uno del servicio social).
     Cómo una hora y fracción después de aquellos inconvenientes, se acerco una uniformada, que apareció de la nada y con un grito sargenteado y a todo pulmón, a todos nos devolvió el alma al cuerpo; pues, hace un tiempo atrás, les decía que eramos unos zombies. Con aquel grito, volvimos a ser unos necesitados de los galenos del lugar.
_¡¡Los que vienen a cirugía ambulatoria!! ¡¡vengan a mi!! Y en un santiamén, ella quedo en medio de una turba de personas ansiosas de ser atendidas para largarse lo más antes posible de ese lugar.
por fin, la enfermera asargentada, quien a mi parecer hasta ese momento, era la mas amable del lugar, tomo todos los carnets y se introdujo en la sala de admisión, en ese lugar, seguían todos incluyendo el de la cara arrugada. Todos regresamos a nuestro rincón de soledad, a seguir esperando; pasaron 30 minutos y la enfermera con galillo de sargento salió y grito nuevamente.
_¡¡Síganme los que vienen a cirugía!! ¡los acompañantes se quedan aquí!. 
En ese instante, el caos se apoderó del ambiente, pues los pacientes se abalanzaron tras la enfermera, todos querían ir codo a codo con ella, como presintiendo que, el que iba junto a ella, sería el primero en recibir cuchillo. 
Por otro lado, los que eramos acompañantes, peleábamos, por hacernos de un lugar en las pocas bancas del lugar. Parecíamos: niños jugando a dar vueltas en las sillas esperando a que terminara la canción para tomar asiento y el que no lograra sentarse, habría perdido el juego; en este caso, éste o éstos, estarían el tiempo que se llevará la cirugía, de pie, tomando descansos de pierna en pierna, tal cual una garza, en el río, esperando pacientemente, que a sus patas llegara un delicioso salmón.
Yo, logre hacerme de uno de los asientos; para mi mala suerte, éste, estaba quebrado y luego de hacer malabares con mi cuerpo y brazos para no dar el espectáculo, mientras, todos me veían como me abalanzaba para guardar el equilibrio; como si yo fuera un trapecista en lo alto del circo, con mi vara para el equilibrio atravesado y descansando sobre mis brazos, para caminar por el alambre. Luego de varios vergonzosos segundos, logre encontrar mi centro de gravedad y ahí quede, inmóvil, con un dolor en mis nalgas, pero haciendo una cara sonriente. Mientras que, todos me veían con una cara amargada, como pensando:
_¡Payaso!
Luego de quedar inmóvil, para no volver a perder mi punto de equilibrio, muy lentamente extraje de mi chaqueta, un libro, para leer y distraerme, mientras el tiempo transcurriera. Mis movimientos, eran muy lentos y sigilosos, como si tratara de evitar ser mordido por una serpiente venenosa. 
Abrí el libro que habia llevado para esta ocasión y, se trataba de: "El Hombre Que lo Tenía Todo Todo Todo" del premio nobel en literatura: Miguel Angel Asturias. 
Bueno, me dije. Y, empece a leerlo (lo que en éste libro encontré, será material para otra historia).
Por momentos dejaba de leer y veía a mis vecinos de la banca, cuando ésto sucedía, ellos me veían como si yo fuera un leproso. Sería por mi actuación de hace algunos minutos o, porque aun nos sentíamos compungidos, por nuestra experiencia con los empleados del hospital y pensaban que si esbozaban una sonrisa, por muy leve que esta fuera yo, pondría un arrugamiento en mi semblante y me ocurriría alguna metamorfosis. _¡No se!.. pero, puede que eso sea.
Luego de una media hora de lectura y de tratar de entender lo que el señor ganador del premio de la academia sueca, había querido dejar con esas letras, lo cerré por un rato para que mis ojazos cubiertos de Pterigión descansaran. Me dedique luego de dar otro vistazo a mis vecinos de banca, verificando, si no se habían transformado, me asuste al ver que uno de ellos se sonrió conmigo yo no sabia que hacer y en mi cabeza, a lo Homero Simpson, me gritaba: ¡Sonríele! ¡sonriele! Y sonreí.

El desfile de celebridades seguía: Viejos, con trajes caros, con barba y bigotes y sin pelo o, con pelo blanco, se pavoneaban por el pasillo, con sus caras amargadas y evanescidas, hablando en términos médicos. Se trataba de médicos viejos en el hospital, con una gran experiencia en su haber y la cara de pretensión en ellos. Cuando nos veían, seguramente se imaginaban y deseaban que sus clínicas lujosas, estuvieran asi de llenas, diagnosticando, enfermedades que aun no se estrenan y cuya única solución, era una cirugía mayor, en algún sanatorio importante de la ciudad, para comprarse el tiquete que los llevaría de vacaciones con su secretaria a los USA. Un poco más atrás de ellos, los médicos jóvenes, esos deseosos de llenar su cabeza con los conocimientos que solo el tiempo te da, muy desobligados y relajados, viendo, quien los observaba y tratando de diagnosticar en cada uno de nosotros cualquier enfermedad.
_¡Éste flaco, seguro esta desnutrido!
_¡Éste gordo, debe de estar diabético!
_Por acá, uno con el colesterol altísimo, pues se esta cayendo, no de sueño, sino del mareo....  
Éstos, eran los pensamientos de los futuros médicos de este hospital. 
Otros, iban atentos, deseando que alguien cayera al suelo, para caerle encima; como zopilotes sobre cadáver de animal y así, practicar con él y demostrar sus habilidades. 
También, pasaba una que otra secretaria, como en pasarela, con sus vestidos y pantalones ceñidos, para que todos observáramos sus cuerpos curvilíneos. No, para los que estábamos ahí sentados, sino, para atraer como rica miel, a algún incauto medico o estudiante de medicina, que le solucione la vida. 

Ahora, le tocaba su turno en pasar por aquel largo pasillo a un camillero, con sus audífonos en sus orejas y silbando el éxito del día; empujando una camilla, con un cuerpo envuelto en sabanas blancas, con manchas rojos de sangre, tal cual una momia, pues, eran cadáveres frescos, que recogían de la emergencia o de alguna cómoda cama, de la sala de encamamiento, con destino a una fría cama de metal o de concreto, en donde serían destazados, con el pretexto de conocer las causas de la muerte; aunque el medico tratante ya habia dado el parte, de que habia fallecido victima de un cáncer terminal. 
Los que, por un momento hicimos una valla improvisada a esos cadáveres, quedamos en silencio, pues no es algo normal para nosotros, ver un desfile de cadáveres, uno detrás de otro en lapso de minutos, para los camilleros, ese era su trabajo y habían perdido la sensibilidad del ser humano ante estos casos.

Por último y un poco antes de que mi acompañante saliera por la puerta en donde hacia mas o menos tres horas habia entrado; paso el desfile de los extraños, unos personajes que mas bien que personas enfermas, parecían extraterrestres. ¿Porqué? ¡simple porqué!...
Si van caminando, casi van arrastrando sus pies, metidos en unas pijamas que les queda holgadas o pequeñas, de sus brazos se extienden tubos pequeños conectados a bolsas con líquidos de colores amarillentos, colgando de una extensión metálica con pequeñas rueditas. Otros, sentados sobre sillas de ruedas, empujados por los anteriores, con alguna extensión que le salía de su nariz y se prolonga a unos cilindros verdes, llenos de oxigeno, como si se tratara de astronautas en el espacio que morirían si les quitamos su tambo de oxigeno. Por otro lado, otro tipo como si tuviera un exoesqueleto, debido a una horrible enfermedad, de entre sus ropas, extensiones entubadas, saliendo de su costado o, de su abdomen y desde su hombro colgando con alguna cinta, unas bolsas con excrementos y orinas; excretando piedritas de un riñón u otro mas. 
Por último, para no abrumarnos y, es que en ese instante, venía mi pariente saliendo de aquella sala. Iba un tipo enorme, con su camisa desbotonada pues, no le llegaba por tremendo abdomen y unos pantaloncillos, que yo evite ver, pero que alguna dama no pudo. En su abdomen, crueles heridas hechas por algún practicante y con puntadas enormes, peores que las hechas por carnicero en mercado. 
Viendo éstas maravillas en nuestros hospitales, tratando de olvidar mi lectura, cuando me abordo mi pariente.
_¡Vámonos! 
_¡Que bien quedaste! ¡pareciera que no te hicieron nada! ¡que buenos son!
_¡Es que no me hicieron nada! ¡pospusieron mi cirugía para la próxima semana! _Debido a que mi expediente ¡¡anda en otro hospital!!
Nos levantamos y nos retiramos de aquél lugar, con la esperanza o mejor, con la desesperanza de volver al mismo calvario, dentro de ocho días...
Luego les cuento, como nos fué. 














martes, 11 de noviembre de 2014

La Historia de Moisés

Una estrecha linea dividía a unos lujosos edificios de apartamentos, lugar en donde viven personalidades con privilegios, esos privilegios que da el dinero, haciendo de ellos, unos seres déspotas e inhumanos. Al otro lado de la linea, una ladera con champas humildes, caserillos con techos de cartón y una precaria forma de vida. Niños y ancianos enfermos; niños millonarios de lombrices, con cabezas enormes como su abdomen y unas extremidades esqueléticas. Éste, era el ambiente en esa parte de la gran ciudad. 
En uno de los lujos apartamentos, vivían unos extranjeros, que habían logrado hacer en esta ciudad, una enorme fortuna con el negocio de la construcción; empresa, que tenía a su servicios miles de empleados, con sueldos de hambre y ningún tipo de prestaciones, tal cual, el tiempo de la esclavitud; pues, asi se sentían los pobres trabajadores, de la multinacional empresa, de nombre: Constructora Nilo
Éste magnate, era un viudo, con dos hijos, la mayor, una hermosa mujer que lamentablemente era estéril y no le habia dado nietos y un hijo muy pequeño, quien había sobrevivido al parto, no asi su madre.
En el precario vecindario, vivía una familia humilde, muy pobre, con muchas bocas que alimentar y entre los miembros de esa pobre familia, uno, de aproximadamente la misma edad que el hijo del millonario y quien estaba recien llegado a esa pobre familia. 
Ésta familia de pobres, vivía a la par de una iglesia, una parroquia que quedaba de paso a la entrada del lujoso lugar de apartamentos y que para agenciarse de un ingreso extra, tenían una pequeña tienda; ellos, muy religiosos le habían puesto a la tienda por nombre: "Moisés". 

Una tarde muy fría y oscura, regresaba a su casa, la señorita hija del extranjero y millonario; ésta, antes de seguir hacia su lujosa casa, quiso detenerse y entrar en la parroquia y, así lo hizo, adentro de ella, se encontraban dos jóvenes mujeres, en un lugar muy apartado, se veían muy inquietas, bastante nerviosas, como si en ese preciso instante en que ella entró en el templo, ellas hubieran echo algo desalmado; ella, la joven adinerada, no le dió importancia y se dirigió a una de las bancas, se arrodilló y, cuando estaba a punto de santiguarse, escucho casi a sus pies, una especie de sonrisa, acompañada de unos pequeños gemidos, cosa que le llamó mucho la atención; y, se concentro en buscar el lugar de donde venían esos sonidos tan peculiares, por fin, al pie de una imagen que colindaba con la baca en la que ella estaba, vió a una caja de cartón, se acerco a ella y allí estaba quien producía esos inquietantes sonidos. Ella, al verlo se levantó y vió para todos lados, ya no había nadie adentro de la iglesia, ni las dos sospechosa muchachas que estaban en el lugar cuando ella llego; junto a la puerta, se encontraba su sirvienta y a las afueras de la parroquia cuidando el carro, el chofer. Extrajo al inquieto y sonriente bebe de la caja, para llevarlo a la sacristía. Mientras, ella se dirigía hacia la sacristía, se le acerco casi corriendo, su sirvienta, al verlo se lleno de ternura, pues ella estaba recién parida de su primer hijo, se lo quito de entre sus brazos a la elegante señora; diciéndole.
_Vea mi señora, lo que Dios le a regalado... Y prosiguió con ésto. 
_¡La oportunidad de ser madre!  
Ella, sonrió y no pudo disimular su felicidad, mientras pensaba en lo que su sirvienta le acababa de decir. 
_Pero, ¿cómo? ¡debe de ser de alguien!... 
_Pero ¿de quién mi señora? es evidente que alguien lo abandono aquí.
_¡Quédese con el mi señora! ¡Dios se lo esta obsequiando! 
La señorita elegante, vio hacia la imagen que se encontraba al fondo de la iglesia, lo tomo en sus brazos, dio gracias y se retiro con su hijo en brazos.
_Y, ¿cómo lo alimentaré? Yo no e nada de niños.
_¡No se preocupe por ello mi señorita, yo tengo suficiente leche para éste niño y el mío!
_¡No tenga miedo! la consoló la sirvienta. Ella, le sonrió y le apretó su mano a la sirvienta en señal de agradecimiento. Entonces, ordeno a su chofer.
_¡A casa Jaime! el chofer obedeció, respondiéndole con un saludo al estilo militar y arranco el auto, se encaminó, mientras, veía al niño en brazos de su patrona desde el retrovisor; cuando se retiraban, la muchacha le dice a su patrona. 
_¡Mire señorita! ¡otra señal de Dios! 
_¿Cuál? Le pregunto la dama a su sirvienta. Ésta le respondió.
_Vea el nombre de la tienda que esta justo a la par de la iglesia. Ella vio al letrero y casi en susurro, leyó el letrero.  
_¡Moisés..! ¡Ése sera tu nombre! ¡pequeño te llamaré: Moisés!
Cuando éstos se retiraron hacia la mansión, las jovencitas salieron de, detrás de una de las columnas de la iglesia y vieron como ella, se llevaba al pequeño con lagrimas en sus ojos le dieron su bendición al pequeño bebe.

El tiempo corría y el pequeño Moisés, crecía como hijo de aquella distinguida dama, como hermano de su pequeño hermano y como hijo del magnate de la construcción.

Llego el día en que ambos, se graduaron de la Universidad; Moisés se graduaba de Arquitecto, con todos los honores; mientras que su hermano, se graduaba de Ingeniero Civil, pero, a puras penas.
En la recepción, su padre les decía a sus hijos, lleno de orgullo. 
_¡Hijos, ustedes serán los herederos de mi imperio y lo harán mas grande! 
_Tu Moisés, seras el encargado de una parte importante en mi empresa, pues te lo has ganado por graduarte con honores.
_¡Estoy de acuerdo padre! ¡mi hermano se lo merece! Exclamó emocionado, el verdadero hijo del señor y magnate de la construcción.

El tiempo siguió su caminar y la empresa estaba en lo mejor, en cuanto a utilidades se refiere, pero las condiciones de los empleados seguía siendo precario. Algo muy lamentable, pasó en esas fechas, la madre de Moisés murió, quedando solo, con su anciano padre y su hermano. Luego de que transcurrieran unos meses y que Moisés, emprendiera un viaje, el cual le serviría para obtener una maestría en el área de la construcción y diseño y, a la vez, para olvidar el dolor que sentía por la perdida de su madre. 
Éste, salía adelante en sus estudios, como siempre, con los honores del caso, una noche al regresar a su apartamento, recibió una llamada por el celular, de su querido hermano, quien le daba la penosa noticia de que su padre había fallecido. Moisés, lloro desconsolado la muerte de su amado padre, pero estaba tan lejos que no pudo asistir al funeral de su padre, pues estaba por terminar sus estudios y de nada le valdría volver, si su padre ya no estaba con vida.

Mientras Moisés concluía sus estudios y otros negocios, se entero por los noticieros de que su hermano estaba en problemas con los del sindicato de trabajadores de la empresa, Constructora Nilo y que aquello iba en declive. Moisés, apresuro su retorno y, así lo hizo.
Al volver, se entrevisto con los lideres del sindicato para conciliar con ellos y encontrar una solución al problema laboral, a lo que su hermano se indignó y empezó, una discrepancia entre ellos; por el hecho de que Moisés se pusiera del lado de los empleados y no del lado de su hermano a ésto agreguémosle, un poco de celos, por el hecho de que él, su hermano, habia fracasado con las negociaciones y Moisés había logrado parar la huelga que se veía, inminente. El hermano encolerizado, le grita a Moisés.
_¡Lograste conciliar con esos harapientos!... ¿Sabes porqué?
_¿Porqué hermano? Le pregunta Moisés.
_Porque, ¡tú eres uno de ellos! Moisés se extraño mucho que su hermano le dijera eso; pero, éste no se detuvo y continúo con su palabrerío
_¡Ah! ¿no lo sabias? 
_¡Tú eres un recogido! ¡eres uno de ellos! ¡tus verdaderos padres, viven en una tienducha a la par de la iglesia, lugar en donde te recogió mi hermana!
Moisés salio de la habitación, con su corazón herido y con muchas dudas en su cabeza, tomo su auto y se dirigió a esa tienda. Su verdadera familia, quienes habían seguido pendientes de él, sabían que uno de los herederos de la fortuna del imperio de la Constructora Nilo, era parte de su familia, sabían que era Moisés.
Moisés se hizo presente en aquella tienda y al verlo ahí, un hombre bien educado, bien vestido, jefe de algunos de los que ahí vivían y entre ellos uno de los lideres sindicalistas. La madre de Moisés, no se aguanto y corrió a abrazarlo, mientras que éste los veía horrorizado por saber que eran sus familiares verdaderos, sangre de su sangre y al ver en la pobreza en que vivían, no pudo evitar que por sus ojos, corrieran lagrimas de dolor y de amor por ellos. 
Lentamente, Moisés fue moviendo sus brazos, hasta que por fin se fundió en un abrazo eterno con su verdadera madre.
_¿Eres tu mi madre? Le preguntó Moisés, con la vos entrecortada y ésta, le respondió muy apenada.
_¡Si! ¡yo soy tu madre Moisés y ellos son tus hermanos y tíos! 
Esa noche, Moisés cenó entre los miembros de su verdadera familia, quienes le explicaron el porqué lo habían abandonado y otras cosas mas. 
Moisés, entendió porque él era diferente al que hasta hace unas horas consideraba su verdadero hermano y verdadera familia. Entendió, por que él se sentía mal, cuando veía la manera tan inhumana en que la empresa que él presidia; La Constructora Nilo, trataba y explotaba a los empleados.
Despues de esa noche y luego de varios días sin volver a su lujosa casa, ni a su lujosa oficina. Por fin, él tomo valor y retornó; entró en su empresa, todos los empleados que ahí laboraban lo recibieron como siempre, con simpatía y admiración. Al, éste, llegar a su oficina, su secretaria le informó que su hermano estaba en una reunión con los inversionistas de la Multinacional Constructora Nilo. Moisés se dirigió al lugar y entró.
_¡Ah! ¡vean, ahí está el hijo prodigo! ¡nuestro gran presidente! se expreso asi despectivamente y con sarcasmo, su herido hermano. 
Moisés, entró a enfrentarlo y expuso entre todos los accionistas y jerarcas de esa empresa sus puntos de vista. Habló de las nuevas políticas que la empresa debería de tomar, para evitar problemas futuros; a lo que la mayoría estuvo de acuerdo. 
Éstas nuevas políticas, hablaban: de un mejor trato al empleado, mejores salarios, prestaciones etc.
El hermano de Moisés, ahora mas encolerizado que nunca, se opuso y, les contó a todos la historia del origen del prestigioso profesional de la Constructora Nilo. 
Entonces, muchos que lo habían apoyado, se retractaron y le retiraron el apoyo y a partir de aquel instante le perdieron el respeto y desdieron que ocupara su lugar, su resentido hermano, quitándole todos sus beneficios, a los cuales Moisés con mucha valentía y dignidad, renuncio y se despojó de: apellido y de su herencia. 
Pues, los conocimientos que él poseía, eso nadie se los arrebataría y que cualquier empresa de la competencia, de inmediato le daría una oportunidad. 

Moisés, se retiro de esa prestigiosa empresa que fundó su padre y en poco tiempo, fue contratado por la empresa constructora de nombre: Constructora Sinaí, la principal competencia de la empresa: Constructora Nilo.
Entonces,  inició el éxodo, de todos o, mejor dicho, de la mayoría de empleados de aquella empresa, la Constructora Nilo, hacia la competencia, lugar al que prometieron, harían de ella la mayor empresa en el mercado de la construcción. 

El hermano de Moisés fracasó y su empresa quebró, muchos de los inversionistas se volcaron a esa empresa: La Constructora Sinaí, que ahora la dirigía Moisés y su hermano sindicalista.
Moisés, era muy querido y admirado, a la vez respetado, por todos los trabajadores. Entonces, un empresario, dueño de enormes corporaciones en el mundo de la construcción, lo llamó para ofrecerle un trato inmejorable y ademas le ofreció y le prometió, ser partícipe activo en las empresas que iba a dirigir a nivel mundial.

El puesto prometido para Moisés, era digno de despertar la mas grandes envidias y las mas oscuras pasiones; llegaron las envidias hasta en su núcleo familiar y amistades muy cercanas. Éstos, hicieron un pacto y en una de las ausencias de Moisés, para llevar a esa empresa, las nuevas leyes y reglas en beneficio de las empresas constructoras que se les había prometido dirigir, fue victima de la arrogancia y de los malos manejos, vicios y envidias y, a pesar de que la empresa siguió en el rumbo trazado por él; Moisés ya no pudo ver el éxito de su proyecto. Victima de una premeditada muerte, el asesinato de un gran visionario del negocio de la construcción, alguien a quien muchas empresas le deben el estilo para regir sus empresas, el legado que él dejó en beneficio de una minoría que ahora era una enorme mayoría a nivel mundial, pero, que la envidia y la avaricia de unos cuantos, terminaron con la vida de éste distinguido Arquitecto de la construcción. 
Un hombre que fue rescatado de una caja de cartón por una mujer, que lo amo como si fuera su propio hijo y llegó a ser el mas grande artífice del medio de la construcción, lugar en dónde se destacó. 












viernes, 7 de noviembre de 2014

Con Olor a Hierba

En esos días de vacaciones, me encontraba leyendo un libro, no recuerdo su titulo, lo que si recuerdo es que era una aventura muy buena, pero el aburrimiento me estaba ganando la batalla; así que, decidí hacer lo que siempre hice en esas circunstancias. Tome mi libro, lo coloqué bajo mi brazo y me dirigí a la esquina, a esperar un bus del servicio publico. Le hice la parada, subí, pague y me encamine hasta el ultimo de los asientos; ese lugar, era el idóneo para la lectura de mis libros, pues desde ahí, tenía control de lo que sucediera en el bus y nadie me quitaría la atención a mis espaldas. El bus iba vacío, a excepción, de que en medio viajaba una chica, sola, luego de pagar, vi el panorama y toda mi rutina cambió; me enfilé hacia ese lugar; cuando estuve a la par del asiento de la joven señorita, me detuve y la ví, ella me vió tambien, de reojo y de inmediato volteó su cara hacia la ventana del bus. Sin pensarlo (si lo hubiera pensado no lo hubiera hecho) me senté a su lado a pesar de que todo el bus iba vacío; el chofer me vió por el espejo retrovisor y se sonrió, como admirando mi valor. Luego, él encendió la radio y sintonizo una emisora de baladas románticas, ambos sonreímos, con una mirada picara. 
La chica, seguía inmóvil, con su vista hacia la calle, coloque mi libro en mis piernas para luego decirle.
_Espero no te moleste que me siente a tu lado.
_Comprenderás que no puedo leer mi libro de pie, lo he intentado, pero es muy incomodo.
No pasó nada, ella ni siquiera se movió, abrí mi libro e hice como si lo leía, pero al termino de unas dos cuadras y de ver que ella me ignoraba completamente; cerré mi libro y le dije.
_Mejor no leo; pues, creerás que soy un mal educado por ignorarte. Por mas, que ella quiso seguir inmóvil e ignorarme, no pudo y sonrió. Eso me volvió la vida al cuerpo.
_¡Me llamo Jairo. ¿Y, tú?
_Yoly. 
_¡Mucho gusto, Yoly! Le ofrecí mi mano, el chofer seguía muy pendiente de lo que pasaba adentro de su autobús. Lo raro era que, nadie subía. Pero, eso no era importante. 
Ella volteó y me recibió el saludo de mi mano, propinándome un apretón muy firme, signo de seguridad en ella. 
Cuando nuestros rostros quedaron frente a frente, yo casi muero al ver el rostro que se encontraba frente a mi.

Unos ojos de color celeste claro, tan claro, que a según le insidian los rayos solares a veces se le tornaban grises. Sobre ellos, unas pestañas enormes, apuntando hacia el cielo, muy tupidas, que muy bien podría colocarle unos mondadientes y éstos habrían viajado cómodos y sin temor a caer. Mas arriba, unas cejas negras, muy pobladas, pero muy bien delineadas, desde lo grueso hasta terminar en una puntita muy fina; ellas, enmarcaban a esos enormes y bellos ojazos. De entre sus ojos, caía una nariz en linea recta, al final de ella se achataba muy sutilmente. De entre los orificios nasales se prolongaban dos difuminadas lineas, que desembocaban en unos labios gruesos y carnosos. En ellos, una sensual sonrisa que me permitían ver una dentadura perfecta, como hecha por arquitecto; con sus cortes a 90 grados y de un color blanco marfil, los cuales destellaban luces, cuando el sol se encontraba con ellos. A los costados de sus sensuales labios, unos tímidos hoyuelos aparecían, cada que sonreía. Abajo de su labio inferior, un mentón que quiso ser partido, pero se arrepintió. Eso, la hacia casi perfecta. Sus orejas, dos joyas pequeñas, el tamaño justo y, en cada lóbulo, un arete las adornaba, del mismo color que sus ojos. Para terminar, una cabellera lisa, lo mas liso y natural que mis ojos jamás han visto, tan natural que por momentos me hacían recordar a una cascada de agua clara, naciendo entre las la montaña y cayendo por ella, hasta perderse en la selva; solo que en ella, esa hermosa cascada, la cual no era de agua clara, sino de cabellos de color miel, caían hasta su cintura, sobre su cabeza al frente de su cabellera, formaba una perfecta flor, dándole a su rostro una mezcla de ovalo y rectángulo. Una vista que me dejo por un buen rato mudo.
Cuando reaccioné, ella me pregunto: hacia donde me dirigía, yo le respondí: que yo iría a donde ella quisiera. Seguimos platicando sin darnos cuenta de que para ese instante el bus ya iba completamente lleno. Ella me contaba de la ruptura sentimental con su novio, hacía dos meses. Yo, que seguía viéndola sin perderme detalle de su imagen perfecta, luego de; no se, tal vez, unos 45 minutos, el chofer se acercó hasta donde nos encontrábamos sentados y, nos dijo.
_¡Llegamos al extremo jóvenes! 
Yo lo que creo es que no aguanto la gana de verla de cerca y por ello llego hasta  nuestro lugar; pues, bien pudo haber gritado desde su asiento. 
_¿Qué hacemos? Le pregunte.
_Esperemos y volvemos. Me sugirió. Yo le grite al chofer, quien estaba a punto de abandonar el bus.
_¡Amigo! ¿a que hora regresa al otro extremo? 
_¡Como en media hora!
_¡Bien gracias! Se bajo. 
Nosotros, vimos para afuera del bus, el lugar era uno que destilaba paz y sus paisajes eran una invitación a ser caminados. 
_¿Si no te molesta podríamos ir a caminar? Ella me sonrió y me dijo: que si. 
Yo me paré y ella tambien, le ofrecí que pasara, como todo un caballero, pero mas bien lo hice como todo un gandaya; pues, deseaba verla de cuerpo completo, ella llegó hasta la puerta y yo seguía parado como idiota viéndola caminar hasta la escalerilla del bus. Cuando ella llego ahí, se volteó y me pregunto: ¿que me pasaba? yo le respondí.
_¡Ah! ¡nada...! ¡creo que se me durmió la pierna...! o... ¡un leve calambre!... Pero ¡ya estoy bien...! ¡ya voy!
No sé, si la engañé o se dió cuenta, pues ella sabía que era propietaria de un cuerpazo, que terminaba de hacerla, una mujer completamente hermosa. Yo pensé.
_¡Vagabundo suertudo!
Caminamos por un rato, hasta que llegamos a un lugar encerrado entre alambres de púas y un letrero que decía: "¡No pasar, propiedad privada!" Ambos nos vimos y reímos; levante un alambre y con mi pie baje el otro, ella se agacho y entró. Detrás ella, iba yo.
En el lugar, había mucha hierba, una que nos llegaba hasta la cintura, abriéndonos paso nos perdimos en ese lugar; para entonces, ella me llevaba tomado de su mano yo sentía esa piel, como dulce de algodón, asi de suave era la textura de la piel de sus manos. Luego de unos minutos de caminar, llegamos a un lugar hermoso, una especie de jardín, con una grama natural que mas bien parecía sintética; unos árboles dispersos. Ella, corrió como niña entusiasmada y se tiro sobre aquella alfombra natural yo, la veía estupefacto, no entendía tanta suerte; que me vi obligado a agradecer al creador por tan hermosa tarde. 
Luego, me acerque y me acurruque a la par de ella y en menos de lo que lees ésto, nos encontrábamos besándonos, tiernamente, yo ni me lo creía; con forme el tiempo transcurría, los besos tiernos, cambiaron a apasionados, para luego volverse lujuriosos, el sol caía por el horizonte y mis manos sentían su cuerpo caliente y la exploraba, viendo esa perfección a través de mi tacto. 
A lo lejos, se escuchó el sonido de una bocina, seguramente era el chofer que nos llamaba, pues ya se iba, pero a nosotros no nos importó y seguimos con nuestros cuerpos encadenados, con nuestros brazos. Su blusa ya estaba rendida, dejando ver lo que celosamente habían cubierto en todo el viaje. 
Cuando mis labios se extasiaban de las mieles de su piel tersa y dulce, sentimos, como sobre nuestras piernas se movía algo pesado, ella me trajo de vuelta a la realidad diciéndome.
_¡Sientes eso! Yo me sentí por un momento, orgulloso de mi masculinidad, pero, efectivamente tambien sentía lo mismo que ella; de lo que ella me hablaba, con mucho valor volteé y en la maleza, esa que nos llegaba hasta la cintura, entraba un tremendo culebrón; el cual había pasado sobre nuestras piernas. Sin ella, la serpiente, percatarse que nos había terminado la pasión, que seguro nos habría llevado a algo mas bello. Cuando la serpiente se perdió entre el matorral, nos dimos cuenta de que estaba oscureciendo; fue entonces, que ella se puso de pie, un poco nerviosa y encerró con su blusa a su belleza femenina yo, grite en mis adentros. _¡Noo! Pero comprendí que ya habia tenido mucha suerte, esa tarde que moría de aburrimiento, leyendo en mi cuarto. 
Nos regresamos ya de noche a nuestras casas, no sin irnos besando en el ultimo de los asientos del bus. Por momentos yo le encontraba pedazos de ramas entre su hermosa cabellera.
Despues de esa tarde, nos seguimos frecuentando por varios meses; pero, como toda historia perfecta. Ésta, tambien llego a su fin. 
Y, ahora la comparto con ustedes, no para presumirles, sino para comentarles que de éste hermoso recuerdo que llego hoy a mi mente, nació una de mis historias. 
Una que les ha gustado mucho. Les hablo de: "Abrazo Mortal"  (http://wwwnewhera.blogspot.com/2014/02/abrazo-mortal.html) 
Quiero agradecerles, por la deferencia a mis historias, las cuales en su mayoría nacen de una experiencia propia. 
Y aprovecho, para dar gracias a Dios por lo bella que ha sido mi vida. 
_¡Hasta la próxima!










jueves, 6 de noviembre de 2014

EL TRASPLANTE. Capitulo 2

Mientras la cirugía continuaba en la sala de operaciones; en la sala de espera del Hospital General, se encontraban: el Profesor Efrén y Ady, a la espera de que la operación siguiera su curso con éxito, según lo planeado por los cirujanos encargados del trasplante. Se les veía demacrados, pues, era cansado el estar ahí a la espera de la conclusión de dicha operación, sin dormir cómodamente, mal alimentados y todas las incomodidades que conllevan el estar adentro de una sala de espera, adentro de un hospital. Agreguémosle el estrés que ésto provoca. Ellos, ya no tenían tema de conversación, simplemente se dedicaban a hacerse compañía el uno al otro; el Profesor Efrén, quiso ser, un fiel amigo y acompañar a la muchacha todo el tiempo necesario hasta que Martín fuera llevado a la sala de recuperación. Mientras ellos estaban ahí sentados, simplemente viéndose las caras, alguien irrumpió en la sala, llevando un poco de ambiente diferente al lugar. Se trataba de la enfermera Aracely.
_Dr. Efrén ¡vea quienes llegaron! El Profesor Efrén, se puso de pié de manera casi inmediata, acomodando su cabellera blanca, pues llevaba muchas horas de no recibir un baño. 
Efectivamente, a la par de la enfermera Aracely se encontraban una pareja de jóvenes; éstos se veían muy felices, enamorados y entusiasmados por reencontrarse con el Profesor.
_¡Hola profesor! ¿nos recuerda? Pregunto la joven señorita, dirigiéndose a él con los brazos entre abiertos.
_¡Claro que los recuerdo y con mucho cariño! Mientras el profesor les expresaba ésto, se abrazaba contra la chica; el joven acompañante de la chica esperaba ansioso su turno para abrazar al Profesor. 
Ady, sencillamente los veía, con cara de desgano, desde el lugar en donde se encontraba. Sobre un sillón, con las piernas subidas en él y sobre ellas, una sábana, para evitar la frialdad del Hospital General.
_Ady, quiero presentarte a unos entrañables amigos. Ady, simplemente les sonrió, sin mucho animo en su semblante; diciéndoles.
_¡Mucho Gusto! 
La joven recien llegada se abalanzó hacia la no muy motivada de Ady, luego de obsequiarle un beso en su mejía, ésta le dijo con una voz muy dulce y una luz en sus grandes ojos; cosa que le llamo la atención  de sobre manera a la despistada y cansada de Ady. 
_¡Hola querida! ¡Todo saldrá bien! ¡Ten fe!
El joven, se dirigió hasta donde se encontraba ella y cordialmente le extendió su mano para saludarla.
_¡Mucho gusto señorita! Al ver, el Profesor, que a Ady le daba igual la misteriosa visita. Pues, ella seguía con muchas dudas y eso le causaba una gran preocupación, a parte de lo antes descrito.
Entonces el Profesor Efrén, rompió el hielo con éstas palabras.
_Ady, esta hermosa pareja de esposos a quienes la felicidad se les desborda por los poros. Hará no mas de cinco años, que ellos estaban en las mismas circunstancias en las que te encuentras tú y Martín. 
Ady reaccionó al escuchar lo que el Profesor le estaba diciendo, mientras ésto sucedía, la pareja ya se habían acomodado en uno de los sillones de aquella sala de espera, tomados de la mano y con tremenda felicidad plasmada en sus rostros. Ady se incorporó y prestó atención a lo que el profesor y los invitados de lujo le decían. Corina, era el nombre de la chica recien llegada; le dice a Ady.
_Hemos venido para darte fuerzas y esperanzas, pues, como dice el Profesor hace cinco años que nosotros nos encontrábamos en tu situación. Ésto lo dijo tomándole la mano al Profesor con mucho cariño. Julian, el esposo de Corina; agrego entusiasmado.
_¡Fué el Profesor, quien acompañó a mi Corina mientras que yo era intervenido! Ady reacciono por fin.
_¿Lo que tratan de decirme es que usted Julian, fue trasplantado al igual que Martín? Ellos sonrieron al darse cuenta de que Ady daba señales de vida nuevamente. El Profesor Efrén, intervino de manera inmediata.
_¡Si Ady! pero ademas, Julian recibió el derecho de una nueva vida ¡de un donante de 75 años de edad! 
_Por ello, los mande llamar; pues, sus historias son tan similares, por no decir idénticas; que creí que ellos podrían ayudarte a ti a asimilar esta angustia que sientes. 
_Ellos, podrán disipar mejor que nadie las dudas que tengas. Además te darás cuenta de que no tienes nada por que estar preocupada.
Ellos, seguían sonrientes. Ady, esbozo una sutil y tímida sonrisa. El profesor Efrén se dirige a Ady.
_¿Tienes alguna inquietud hija, puedes preguntar sin reserva alguna? Corina agrega.
_Si amiga, pregunta lo que quieras. Le invitaba Corina a Ady. Mientras Julian simplemente le sonreía.
_No se que decir, tengo tantas preguntas en mi mente queriendo salir a disipar mis dudas, pero honestamente no se por donde empezar.
_Es comprensible hija, la consoló el bueno del Profesor. Entonces Corina dice.
_No digas nada amiga, solo escucha y conforme me oigas, si tienes una inquietud me interrumpes. 
_Pues, yo se que es lo que pasa por tu cabeza. Seguramente las mismas angustias que pasaron por la mía, hace cinco años. Ella continuó.
_Tu principal temor es, si el trasplante será un éxito. Yo te digo, estas en el mejor hospital y tu novio esta siendo operado por el mejor, nadie supera al Dr. Marroquín en éstas cirugías y, tu acompañada por el mejor hombre y científico del mundo; ¡mi querido Profesor Efrén!
_Y, tu segunda inquietud es; ¿cuál será la reacción de Martín cuando te vea? _Pues debido al trasplante, él será una persona completamente nueva y ajena a la vida que tu recuerdas. 
_Él, por obvias razones despertará asustado y con muchas dudas al igual que tú tendrá muchas interrogantes y habrá cosas que no comprenderá, pues, por su edad; para él lo que está sucediendo en este momento. 
_¡Eso es imposible! pero si es posible, pues aquí tienes un ejemplo en vida, de que esos trasplantes son una realidad y son exitosos. 
Corina siguió compartiendo con ella sus experiencias y le daba seguridad de que todo estaría muy bien, que todo era cuestión de tener mucha paciencia o a lo mejor no mucho, eso dependerá de el nuevo Martín.
_Ves hija, no pierdas la fe. Acoto el Profesor.
_Si amiga, todo saldrá bien. Agrego Julian.
_Verás; Martín se encontrará muy asustado al darse cuenta de que es un hombre joven otra vez, que la vida le dió una nueva oportunidad, ¡una nueva vida! 
_Él, al principio no podrá aceptarlo y es que no es nada fácil amiga. Pero con la ayuda de los especialistas, del Profesor y de ti, con tu amor, ¡todo saldrá bien! Le sonrió. 
Pero Ady seguía, por ratos asustada y por otros reconfortada. 
Ésto la asusto mucho.
_Cuando Martín despierte, no será Martín, bueno, físicamente sí, pero tu Martín se habrá ido y quien estará en su cuerpo es el viejo fallecido, y en la mente de él, solo habrán recuerdos de su vida anterior, de esos mas de 80 años que ya vivió. 
_Por supuesto que no te conocerá, serás una completa desconocida para él. _Pero como te hemos dicho, con el tiempo y la ayuda de todos, ésto será un momento dificil, pero solo un momento, luego todo volverá a la normalidad. _Aunque ya nada será igual; tu amor hará el milagro de que, el Martín que ya perdiste, aparezca de nuevo en tu vida. 
La platica continúo en ésta tónica; las horas seguían su inexorable caminar y en esa sala pasaban a una velocidad increíble; los cuatro que ahí estaban, hablaban de ese milagro de la ciencia moderna de mediados del siglo 21.
En eso, entró el Dr. Marroquín, Lily, Aracely, el Dr. Orantes y el Dr. Diaz. 
En la sala todos se pusieron de pie a la espera de lo que había pasado con Martín. 
El Dr. Marroquín les dijo.
Continuará....












miércoles, 5 de noviembre de 2014

¡¡AQUÍ NUNCA LLUEVE!!

¡Nunca llueve aquí! 
siempre hay: Un sol brillante,
calor sofocante,
brisa fresca,
noches llenas de estrellas,
mas una luna llena.

¡No es sequía! 
¡Es abundancia!
Naturaleza floreciente,
flores bellas, aves de colores,
nubes dibujando corazones,
Aquí, ¡Nunca llueve! 

Sol brillante, calor, brisa, 
estrellas y una hermosa luna llena. 
Flores multiaromas,
pájaros multicolores,
sonidos mágicos,
Y... ¡Nunca llueve!

Ese maravilloso lugar 
se llama: "Corazón lleno de Amor"
Y, me pertenece a mi.
¡Así de feliz vivo yo! 
Desde ese día que llegaste a mi.

¡Para ti que lees: Con amor!