Cualquier similitud con la vida real, es pura coincidencia. O, ¿tal vez no?.... ¡A lo mejor, me lo contaron!
Eran la pareja perfecta, con años de matrimonio, con dos hijos ya mayores, vivían su vida cómodamente y se comprendían perfectamente.
Hasta un día que, un amigo le invitó a un lugar muy especial solo para caballeros, éste aceptó y a su amigo acompañó, no sin antes, advertir que él solo iría a ver, mas bien a curiosar. El otro aceptó pues, esa noche su cómplice de siempre andaba de viaje y a él no le gustaba visitar esos lugares en solitario.
Por fin, llegaron al lugar; fueron recibidos por una señora muy educada y bien vestida, quien de inmediato reconoció al asiduo de ese lugar. Ella, hizo sonar una especie de timbre y en ese instante, salieron las jovencitas, como en un desfile de modas, todas eran unas muñecas, mujeres muy jóvenes y con unos cuerpazos increibles. Al termino de unos minutos, el amigo y cliente del lugar eligió a una de las chicas y se retiró a hacer lo suyo; mientras, la señora, supongo que la encargada de aquel lugar, le pidió a una de las señoritas que por favor le hiciera compañía al señor, amigo de su cliente, mientras él salía.
- ¡Quieres tomar algo? ¿una cerveza, alguna gaseosa? Le preguntó la desinhibida joven.
- Gracias, me gustaría una cerveza, siempre y cuando me acompañes con una. Le dijo muy educadamente a la joven.
- ¡Claro, gracias! lo importante es que estés cómodo.
Pasaron alrededor de 45 minutos y su amigo estaba de regreso y junto a él, la otra chica. Se acomodaron y los cuatro bebieron esa noche.
- ¡Bueno, nos vamos!
- Yo digo, ya es algo tarde. Le responde el amigo que solo era acompañante.
Se retiraron cada quien para su casa. El esposo de la señora, esa noche, llegó muy excitado y deseó hacer el amor con su esposa, pero a ella ya no le gustaba tener relaciones y para ella, eso fue algo raro e incomodo, pues hacía mucho que él tampoco la tocaba.
Con el correr de los días, el esposo no dejaba de pensar en la joven con la que había tomado cerveza y platicado muy agusto, mientras que su amigo estaba ocupado en el cuarto con la otra señorita.
Una tarde, tomó valor y se dirigió al lugar; al llegar, lo atiende la misma señora, él, solicita la presencia de la joven y ella al salir lo reconoce y lo atiende como rey. Esa noche, solo tomaron cerveza y platicaron.
A su tercera vez, él quiso tener relaciones con la joven y ella aceptó, pasaron un rato muy placentero, la chica era una experta en el arte del placer.
Con los meses éste se empezó a enamorar de la joven y acordaron ya no verse más en ese lugar, así que lo hacían afuera, en los días de descanso de la muchacha. Éste, quien ya estaba completamente enamorado de ella y ella que se sentía muy agusto con él, tomaron la decisión de que, ella dejara su trabajo y de apartarse a vivir con él y él abandonó a su mujer de años. Así fué.
Él se fué de su hogar de años y se traslado a vivir con su ahora conviviente, ella, durante varios meses era una mujer muy juiciosa y señora de su casa. Un día, ella espera con ansías y nerviosismo a su conviviente.
- ¡Ya llegue amor! Ella corrió y sobre sus brazos se refugió, éste le pregunta.
- ¿Qué es lo que sucede, por qué tanto amor y ternura?
- Amor, ¡te tengo una noticia y no sé como lo tomarás! Él se preocupó un poco, se acomodaron en el sofá y, él la escuchó.
- Amor, ¡estoy embarazada! ¡tengo tres meses! El hombre enmudeció por un breve momento, luego, éste explotó con tanta alegría y emoción completa; tomándola en sus brazos y así la llevó hasta la alcoba y le hizo el amor.
Seis meses después, ella daba a luz a un varoncito, algo que a él lo llenó de mucha alegría.
Tres años después, ella cambió radicalmente y sucedió lo que él temía en todo éste tiempo; ella, regresó a su antigua vida y de nuevo se prostituyó; abandonándolo poco tiempo después, dejándole al niño.
El hombre, ahora solo y con un niño de tres años, regresó a su casa y le pidió perdón a su ex mujer. Ella lo perdonó y lo aceptó de regreso en su antiguo hogar y tambien al niño.
La señorita, un día, contactó al señor, su ex pareja, le pidió una fuerte cantidad de dinero, pues se regresaría a su país natal y con esa cantidad de dinero, ella estaría dispuesta a renunciar al niño y según ella, ya no la volvería a ver jamás. Éste, quien amaba a su hijo, lo mismo que su esposa, aceptó y le dió todo el dinero que ella le pidió.
Transcurrieron cinco años y efectivamente, de la señorita, nada, si viva o estaría muerta, él lo ignoraba y la verdad, no le interesaba pues, su hogar ahora era igual que antes o mejor, pues tanto sus hijos como su esposa amaban al muchachito; él los veía como hermanos y madre natural a la esposa de su padre. Ella lo estaba educando con mucho amor y dignidad, como lo habia hecho antes con los propios.
Un día apareció la señorita, ahora con más años, pero siempre muy sensual.
- ¡Hola!
- ¡¡Hola!! Le respondió él muy extrañado por su presencia. Y agrega.
- ¿Creí que habíamos acordado en que no te volvería a ver nunca más? Ella, con lagrimas en sus ojos, aceptó el reclamo. Y dijo.
- Lo sé y te pido que me perdones. Ella lloraba como una Magdalena.
- Solo quiero me permitas ver a mi hijo. _No vengo a reclamarlo, solo necesito verlo y saber como está.
Al principio el señor se negó rotundamente y le dijo.
- Creo que no es buena idea, pues mi esposa es ahora su madre. _Le hemos contado la verdad hace poco y él dijo que no le importaba, pues él no conocía otra madre que no fuera mi esposa.
- Por lo que no creo que sea correcto. Ella lloraba ahora más e insistía en ver a su hijo.
El señor, quien la había amado tanto se conmovió de ella y aceptó llevar al niño a un lugar para que lo reconociera y viera lo bien que éste estaba.
Sin decirle nada a su mujer, sacó al niño y lo llevó al zoológico, lugar en donde se encontrarían. Ella, al verlos llegar no pudo evitar correr hacia el niño y tomarlo entre sus brazos.
- ¡¡Mi amor soy yo!!... ¡¡Tu mami!! Le dijo ella con mucha emoción y un brillo especial en sus ojos.
Ésto conmovió mucho al padre del niño, que no pudo desmentirla y les permitió esa tarde estar como una verdadera familia; según él se lo merecían ambos.
Así pasó casi un mes, viéndose clandestinamente. Una tarde de tantas, ella le pide a su ex conviviente.
- ¿Me permitirías llevármelo a mi país? _Para que lo conozcan mis padres.
- Sabes que soy hija única y el niño es su único nieto.
- Prometo traerlo de vuelta, solo serán unos cinco días. _¡Por favor, te lo suplico!
Al principio, él se negó y entonces decidió contárselo todo a su esposa, todo lo que había pasado en el ultimo mes, como era de esperarse, ella se enojo mucho con su marido, con quien habían logrado olvidar su desliz y ahora vivían muy felices con el niño.
El hombre, decidió y autorizó la salida del país al niño, la aun joven mujer pero más madura se llevó al niño, con la promesa de regresar en cinco días.
Algo, que le causó muchos problemas con su esposa, ésto los llevó a tener muchos conflictos de nuevo, al extremo de que ella, su esposa, le pidió que se fuera de la casa y que cuando le regresaran al niño, a él lo recibiría de nuevo permitiéndole a él verlo solo los fines de semana, pues ya no quería nada con él.
Aduciendo que él, le había causado ya muchas penas y dolores en el corazón, y más ahora, robándole de su lado al niño, a quien lo amaba como suyo.
Al final se divorciaron, se alejaron el uno del otro. Y la joven extranjera, jamás volvió con el niño.
La ex esposa del señor, ahora casi muere, sola en su casa, llorando a un niño que no era suyo, pero al que amaba como si lo hubiera parido. Vaya daño que le había causado su ex marido a su vida tranquila y armoniosa que un día tuvo y que pensó sería hasta que la muerte los separará, pero no fue así, fue el hijo de una trabajadora sexual, la que junto a su marido terminaron con su deseo de volver a vivir.
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domingo, 21 de diciembre de 2014
viernes, 19 de diciembre de 2014
Honoris Causa. Capitulo 2
Con Emilio en la orfandad, en el Hospital General se convencieron de que los únicos que podrían ayudar a Emilio, eran ellos, los empleados de aquel nosocomio, a ésto estuvo de acuerdo el Director del hospital, pues, él nunca podría negarse, si él, era uno de los muchos que tenía una deuda moral con aquella bendita mujer: Emilia Martínez.
Fue entonces, que Emilio estudió y se graduó de enfermero titulado, con la ilusión de algún día llegar a ser todo un gran médico, tal cual, a quien él admiraba tanto: el Dr. Marroquín; a sabiendas de que, él había sido el único en desacuerdo de que el muchacho siguiera viviendo en ese lugar y tambien de ayudarlo a superarse. Aún así, Emilio logró superar una meta y los ahora médicos y ex compañeros del Dr. Marroquín se sentían complacidos y con el descargo de haberle devuelto algo de lo mucho que Emilia habia hecho por ellos cuando fueron estudiantes.
El joven enfermero, había heredado de su madre, el carisma y además su inteligencia, la cual era insuperable, algo que de alguna manera tambien venían en los gens de su progenitora y que ahora le servían, pues al igual que su madre, él ahora ayudaba a los nuevos practicantes.
La herencia que su madre le había dejado a Emilio, aparte de lo que salta a la vista, era un libro de medicina: "El Guardián de la Salud" así era el titulo del libro y, era como la décima vez que lo leía y no le aburría, de él aprendía mucho la profesión de medicina. Otra herencia de su madre, era la pasión a su trabajo y el querer siempre ayudar a su prójimo, ésto desinteresadamente. Por otro lado, la medicina lo apasionaba tanto que siempre estaba atento a lo que los médicos prescribían. Él con agenda en mano siempre tomando notas.
- Emilio, ¿creo que usted será mi instrumentista esta noche en cirugía? Preguntaba el Dr. Marroquín a quien no le agradaba mucho. Sin embargo, a Emilio lo llenaba de mucha alegría pues admiraba tanto al Dr. Marroquín.
- ¡Así es Dr. y es un placer para mi compartir el quirófano con usted! Le sonrió Emilio mientras le contestaba.
Mientras extirpaban un apéndice; la bandeja con los instrumentos se agitó y causó que éstos se movieran un poco, el Dr. Marroquín lo vió de reojo con cara de desaprobación. Emilio, simplemente ordenó de nuevo los instrumentos; a los diez minutos, otro movimiento, esta vez el Dr. perdió el equilibrio, pero Emilio estuvo atento y lo sostuvo.
- ¡Gracias enfermero! _Ha estado temblando mucho últimamente, ¿verdad?
- Efectivamente Dr. pero recuerde que estamos en una zona propensa a los temblores, yo ya me acostumbré.
- Bueno, por lo menos no está nervioso; cosa que pensé hace un instante cuando se le alborotó algo la bandeja de instrumentos.
- Seguramente fué otro temblor, ¿verdad?
- ¡Así fue Dr.!
La operación finalizó y como siempre fué todo un éxito más para el Dr. Marroquín. Quien últimamente estaba un poco inquieto, debido al pronto nacimiento de su primogénito.
- Hola, ¿cómo te va? Lo saludaba Gantenbeín en la cafetería a Marroquín.
- ¡Excelente como siempre! Le responde, con su ya acostumbrada arrogancia.
- Me refiero a tu muy próximo estreno como padre. Le corrigió la pregunta el Dr. Gantenbeín
- ¡Ah, eso! tambien, todo marcha de maravillas.
- ¿Nerviosos amigo?, eso es natural en cualquier primerizo ¿no?
- Para nada amigo y si me disculpas terminó mi turno.
- ¡Hasta mañana! Se retiró para su casa, Marroquín.
Mientras ésta platica se llevaba a cabo, el Dr. Orantes estaba con el joven Emilio en cirugía.
Se trataba de una hernia duodenal. Cuando la cirugía concluyó exitosamente, el Dr. Orantes le ofrece a Emilio.
- Emilio me harías el favor de cerrar al paciente. El ofrecimiento llevaba una sonrisa amable, el Dr. Orantes, sabía de las habilidades del joven enfermero.
- ¿En serio Dr.?
- ¡Claro! Y, no te preocupes que estaré aquí al lado tuyo, para supervisarte.
- ¡Gracias Dr.! Emilio tomó la aguja e hilo y procedió a cerrar el abdomen del paciente; lo hacía con tal habilidad, como si se tratara de un gran médico y cirujano.
En una ronda de médicos y estudiantes, el ahora maestro, el Dr. Diaz, acompañado del Dr. Marroquín y de Emilio, les hizo una pregunta a sus jóvenes estudiantes. La respuesta nunca llegó de los futuros médicos. Marroquín se sonrió de una manera burlesca, moviendo su cabeza en desaprobación, cosa que incomodo a los aprendices de médicos. El Dr. Díaz observó que a Emilio se le salían los ojos y sus labios temblaban de ansiedad.
- Y, tú Emilio ¿qué harías en éste caso? Le pregunto el Dr. Díaz, sabedor de que de Emilio llegaría la respuesta correcta, ésto molestó a Marroquín. Emilio respondió perfectamente y se extendió tanto, hasta que el Dr. Marroquín lo interrumpió.
- Ya esta bien, deje un poco de modestia para los practicantes. Y, se retiró del lugar, muy molesto, quiza, porque el enfermero le recordaba cuando él era estudiante y sus respuestas tambien eran interrumpidas por su maestro, el Dr. Efrén.
El tiempo transcurrió de la misma manera en el Hospital General; entre emergencias, clínicas y cirugías. Los médicos, compañeros de Marroquín, seguían dejando que Emilio cociera a los pacientes en las operaciones; le permitían expresar sus opiniones médicas en las visitas a pacientes con los estudiantes de medicina. Alguna vez, sucedió que más de un estudiante le pidió a Emilio que le ayudara con alguna tarea, cosa que para Emilio era algo fascinante y lo hacía con muy buena voluntad, no solo por que lo mismo había hecho en su momento su madre, sino porque le gustaba y sabía -yo diría que demasiado para ser un simple enfermero-.
- Los he reunido para comunicarles de mi retiro. Les informó el Director del hospital.
- Me toca jubilarme y darle paso a otro médico, uno más joven, con nuevas expectativas e ideas innovadoras, modernas, para el hospital y nuestra universidad.
- La junta directiva me ha pedido que les informe y que además se preparen para las evaluaciones para encontrar a quien tomará mi puesto, para el que me suceda como director de éste prestigioso hospital.
Todos vieron como a Marroquín le brillaron los ojos, sus amigos no presentarían examen de oposición, para no entrar en conflicto con el ambicioso de Marroquín.
- Lo que le quiero pedir como un favor especial a mi persona -dijo el actual director- al que me suceda; es que quien quede en mi actual puesto, me prometa que no molestará a nuestro querido Emilio, a quien yo quiero como a uno de mis hijos. Marroquín frunció el seño, pero aceptó, junto al resto de aspirantes.
Como era de esperarse el Dr. Marroquín era ahora el nuevo Director del Hospital General y ademas el orgulloso padre de un hermoso niño, quien era sus ojos y por quien daría la vida sin pensarlo...
Continuará.....
Fue entonces, que Emilio estudió y se graduó de enfermero titulado, con la ilusión de algún día llegar a ser todo un gran médico, tal cual, a quien él admiraba tanto: el Dr. Marroquín; a sabiendas de que, él había sido el único en desacuerdo de que el muchacho siguiera viviendo en ese lugar y tambien de ayudarlo a superarse. Aún así, Emilio logró superar una meta y los ahora médicos y ex compañeros del Dr. Marroquín se sentían complacidos y con el descargo de haberle devuelto algo de lo mucho que Emilia habia hecho por ellos cuando fueron estudiantes.
El joven enfermero, había heredado de su madre, el carisma y además su inteligencia, la cual era insuperable, algo que de alguna manera tambien venían en los gens de su progenitora y que ahora le servían, pues al igual que su madre, él ahora ayudaba a los nuevos practicantes.
La herencia que su madre le había dejado a Emilio, aparte de lo que salta a la vista, era un libro de medicina: "El Guardián de la Salud" así era el titulo del libro y, era como la décima vez que lo leía y no le aburría, de él aprendía mucho la profesión de medicina. Otra herencia de su madre, era la pasión a su trabajo y el querer siempre ayudar a su prójimo, ésto desinteresadamente. Por otro lado, la medicina lo apasionaba tanto que siempre estaba atento a lo que los médicos prescribían. Él con agenda en mano siempre tomando notas.
- Emilio, ¿creo que usted será mi instrumentista esta noche en cirugía? Preguntaba el Dr. Marroquín a quien no le agradaba mucho. Sin embargo, a Emilio lo llenaba de mucha alegría pues admiraba tanto al Dr. Marroquín.
- ¡Así es Dr. y es un placer para mi compartir el quirófano con usted! Le sonrió Emilio mientras le contestaba.
Mientras extirpaban un apéndice; la bandeja con los instrumentos se agitó y causó que éstos se movieran un poco, el Dr. Marroquín lo vió de reojo con cara de desaprobación. Emilio, simplemente ordenó de nuevo los instrumentos; a los diez minutos, otro movimiento, esta vez el Dr. perdió el equilibrio, pero Emilio estuvo atento y lo sostuvo.
- ¡Gracias enfermero! _Ha estado temblando mucho últimamente, ¿verdad?
- Efectivamente Dr. pero recuerde que estamos en una zona propensa a los temblores, yo ya me acostumbré.
- Bueno, por lo menos no está nervioso; cosa que pensé hace un instante cuando se le alborotó algo la bandeja de instrumentos.
- Seguramente fué otro temblor, ¿verdad?
- ¡Así fue Dr.!
La operación finalizó y como siempre fué todo un éxito más para el Dr. Marroquín. Quien últimamente estaba un poco inquieto, debido al pronto nacimiento de su primogénito.
- Hola, ¿cómo te va? Lo saludaba Gantenbeín en la cafetería a Marroquín.
- ¡Excelente como siempre! Le responde, con su ya acostumbrada arrogancia.
- Me refiero a tu muy próximo estreno como padre. Le corrigió la pregunta el Dr. Gantenbeín
- ¡Ah, eso! tambien, todo marcha de maravillas.
- ¿Nerviosos amigo?, eso es natural en cualquier primerizo ¿no?
- Para nada amigo y si me disculpas terminó mi turno.
- ¡Hasta mañana! Se retiró para su casa, Marroquín.
Mientras ésta platica se llevaba a cabo, el Dr. Orantes estaba con el joven Emilio en cirugía.
Se trataba de una hernia duodenal. Cuando la cirugía concluyó exitosamente, el Dr. Orantes le ofrece a Emilio.
- Emilio me harías el favor de cerrar al paciente. El ofrecimiento llevaba una sonrisa amable, el Dr. Orantes, sabía de las habilidades del joven enfermero.
- ¿En serio Dr.?
- ¡Claro! Y, no te preocupes que estaré aquí al lado tuyo, para supervisarte.
- ¡Gracias Dr.! Emilio tomó la aguja e hilo y procedió a cerrar el abdomen del paciente; lo hacía con tal habilidad, como si se tratara de un gran médico y cirujano.
En una ronda de médicos y estudiantes, el ahora maestro, el Dr. Diaz, acompañado del Dr. Marroquín y de Emilio, les hizo una pregunta a sus jóvenes estudiantes. La respuesta nunca llegó de los futuros médicos. Marroquín se sonrió de una manera burlesca, moviendo su cabeza en desaprobación, cosa que incomodo a los aprendices de médicos. El Dr. Díaz observó que a Emilio se le salían los ojos y sus labios temblaban de ansiedad.
- Y, tú Emilio ¿qué harías en éste caso? Le pregunto el Dr. Díaz, sabedor de que de Emilio llegaría la respuesta correcta, ésto molestó a Marroquín. Emilio respondió perfectamente y se extendió tanto, hasta que el Dr. Marroquín lo interrumpió.
- Ya esta bien, deje un poco de modestia para los practicantes. Y, se retiró del lugar, muy molesto, quiza, porque el enfermero le recordaba cuando él era estudiante y sus respuestas tambien eran interrumpidas por su maestro, el Dr. Efrén.
El tiempo transcurrió de la misma manera en el Hospital General; entre emergencias, clínicas y cirugías. Los médicos, compañeros de Marroquín, seguían dejando que Emilio cociera a los pacientes en las operaciones; le permitían expresar sus opiniones médicas en las visitas a pacientes con los estudiantes de medicina. Alguna vez, sucedió que más de un estudiante le pidió a Emilio que le ayudara con alguna tarea, cosa que para Emilio era algo fascinante y lo hacía con muy buena voluntad, no solo por que lo mismo había hecho en su momento su madre, sino porque le gustaba y sabía -yo diría que demasiado para ser un simple enfermero-.
- Los he reunido para comunicarles de mi retiro. Les informó el Director del hospital.
- Me toca jubilarme y darle paso a otro médico, uno más joven, con nuevas expectativas e ideas innovadoras, modernas, para el hospital y nuestra universidad.
- La junta directiva me ha pedido que les informe y que además se preparen para las evaluaciones para encontrar a quien tomará mi puesto, para el que me suceda como director de éste prestigioso hospital.
Todos vieron como a Marroquín le brillaron los ojos, sus amigos no presentarían examen de oposición, para no entrar en conflicto con el ambicioso de Marroquín.
- Lo que le quiero pedir como un favor especial a mi persona -dijo el actual director- al que me suceda; es que quien quede en mi actual puesto, me prometa que no molestará a nuestro querido Emilio, a quien yo quiero como a uno de mis hijos. Marroquín frunció el seño, pero aceptó, junto al resto de aspirantes.
Como era de esperarse el Dr. Marroquín era ahora el nuevo Director del Hospital General y ademas el orgulloso padre de un hermoso niño, quien era sus ojos y por quien daría la vida sin pensarlo...
Continuará.....
¿Recuerdas?
¡Solo dime si recuerdas!
Cuanto yo te amé. Fué un amor para la eternidad.
Nunca creíste, que en alguien existiera tanto amor.
Fingiste que eran mentiras,
por mucho que te lo juré.
No me creíste... ¿Lo recuerdas?
_
Me abandonaste, hiciste de mi, un lobo solitario.
Uno que lloró cada luna llena,
solo de recordar tanto amor desperdiciado.
¿Lo recuerdas?, ¡solo eso quiero saber!
Todos te repetían, cuanto yo te amaba.
Fingiste, me ignoraste, me abandonaste.
¡Nunca me creíste!... ¿Lo recuerdas?
_
Solo migajas recogieron de mi.
Un corazón abatido, sin nada de amor para dar.
¿Recuerdas que te amé de aquí a la eternidad?
Cerraste los ojos, tu corazón y tus brazos.
No me creíste... ¿Lo recuerdas?
Hasta la luna llora con mis lamentos,
lamentos llenos de un puro amor.
Pero tú, nuca me creíste.... ¿Recuerdas?
_
Solo eso quiero saber, sí... ¿Lo recuerdas?
Dime, ¿lo recuerdas?
Con eso le basta a mi triste corazón,
para dejar de gritarle a cada luna llena
todo este amor que contigo se fué.
Simplemente, porque nunca me creíste.
Tal vez te asustó ver tanto amor en un solo ser.
¿Lo recuerdas?
¿Dime si lo recuerdas? ¡Solo eso quiero saber!
Si ahora, aún lo recuerdas.
¡Dime ahora!.. Si al menos me recuerdas.
¿Me recuerdas...?
jueves, 18 de diciembre de 2014
Honoris Causa
En el Hospital General, las emergencias eran cosa de cada minuto, en dicho nosocomio, el recurso humano era algo invaluable; la ciudad era muy grande y el Hospital General se estaba haciendo pequeño, para tanta necesidad en clínicas de enfermedad común, especialidades, y en la sala de urgencias.
Por aquella época, el Dr. Marroquín, junto a los Drs. Orantes, Diaz, Méndez Y Gantenbein quienes, eran a penas unos jóvenes estudiantes de medicina que habían llegado a dicho centro hospitalario a realizar su practica. A ese Hospital, llegaban solo estudiantes abanderados y para el que ahí hacía sus practicas; era causa de un gran orgullo.
- Bienvenido Dr. Le expresó la enfermera Emilia Martínez al joven Marroquín, quien la ignoró, debido a la vanidad que muchos llevan en sus venas cuando son jóvenes, creyendo que el mundo esta a sus pies y que ellos, todo lo saben.
La enfermera auxiliar, Emilia Martínez, era una mujer muy querida en dicho hospital, ella, era una viuda con un pequeño de cinco años a quien le permitían llevarlo al trabajo, por lo mismo, que ella era muy querida por todos; desde el director hasta el más humilde de los conserjes. El niño, Emilio Martínez, era un niño muy inteligente y no causaba ningún tipo de dificultad en el hospital. Éste, jugaba con las cajitas de los medicamentos, como si fueran carritos, tambien jugaba con las mascarillas de los médicos y con las paletas baja lenguas, era muy observador y en la mayoría de sus juegos, él era un médico, un para médico, conductor de ambulancias, etc. todo relacionado con el hospital.
- ¡Enfermera! La llama el Dr. Marroquín, acompañado de sus colegas estudiantes
- ¿Si Dr.? Le contestó una sonriente enfermera. El Dr. Marroquín, con carpeta en mano, veía muy atentamente el expediente del paciente y la enfermedad que padecía, era una de sus visitas y él se encargaba mientras llegaba el Dr. Efrén, maestro de los jóvenes.
- A éste paciente inyectele I. V. la sustancia que le estoy anotando ahora.
- ¿No deberíamos de esperar al maestro? Le indicaron sus compañeros. Pero la soberbia del joven Marroquín era mayor a todo, incluso a poner en peligro la salud de cualquier paciente.
Emilia, al ver lo que el estudiante le había ordenado, lo llamó para cuestionarle la orden. A lo que él le respondió.
- ¡Usted es una simple enfermera y debe acatar mis ordenes! Le gritó un muy molesto cuasi doctor.
- ¡Cómo usted ordene Dr.! Le respondió la enfermera. Fue en eso que llegó el Dr. y maestro de los jóvenes estudiantes, a la visita.
- ¡Buenas jóvenes! _A ver ¿qué tenemos aquí? Leyó con detenimiento el expediente en el que el Dr. Marroquín había recien anotado la orden; a la enfermera auxiliar Emilia.
- ¿Quién ordenó éste medicamento para este paciente Emilia?
- ¡El Dr. Marroquín Dr.! El Dr. Efrén, se volteó hacia donde se encontraban sus pupilos y entre ellos uno, especialmente orgulloso, leyó en sus gafetes e identificó a dicho médico.
- ¡Lo felicito Dr. Marroquín! Le expresó el Dr. Efrén. Él salió al frente, con la altanería que lo identificaba.
- ¡Gracias maestro! Dijo un orgulloso y petulante estudiante de medicina. El Dr. Efrén dijo entonces.
- Dos cosas que admiro de alguien, lo tiene usted Dr. _Y, oigan el resto de estudiantes.
- Una, es tener iniciativa y tomar decisiones y la segunda, reconocer cuando se comenten errores y a la vez; solucionarlo.
- Se preguntarán ¿de qué hablo? Y efectivamente, el más asombrado era el joven Marroquín. El maestro continúo con su cátedra.
- Usted -Se dirigió a Marroquín- anotó y ordenó que se le inyectara en la vena ésta sustancia y la enseño a los jóvenes estudiantes; para luego tacharla y cambiarla por ésta otra.
- ¡Lo felicito! _Pues, si hubiera sido el turno de otra enfermera, ésta habría inyectado lo que usted prescribió y eso le habría causado la muerte al paciente. _Menos mal que estaba aquí mi experimentada Emilia, quien no habría hecho caso a su orden; pues, ella conoce muy bien el caso del Sr. Octavio. Él, señores, es alérgico a ese medicamento. _La nota esta aquí, justo realzada por nuestra enfermera estrella quien no deja pasar estos detalles; seguramente usted la vió y por eso tachó el medicamento y lo cambió por el idóneo.
Marroquín, casi arrebató la tabla de las manos del Dr. Efrén, mientras que los compañeros de Marroquín dedujeron que Emilia, le acababa de salvar el pellejo a su compañero. Cosa que a Marroquín le molestó mucho. Ésto, de que la enfermera lo hubiera colocado en ridículo frente a todos.
Así, continuó la relación entre Emilia y el Dr. Marroquín, por todo el tiempo que él estuvo ahí como practicante. Sus compañeros, quienes se llevaban de maravillas con Emilia, al igual que el resto de empleados del hospital; siempre le recordaban el incidente, cuando casi mata a su primer paciente y que Emilia, una enfermera auxiliar lo había salvado de perder quiza el derecho a ser médico.
En otra oportunidad, el Dr. Gantenbeín, estaba en sala de operaciones, junto a él, dos de sus compañeros y un medico y catedrático. A éste lo auxiliaba con la instrumentación Emilia, mientras Gantenbeín operaba repetía en vos alta que instrumento usaría para el debido procedimiento, pero Gantenbeín estaba demasiado nervioso, que su cabeza se le quedó en blanco. Emilia se dió cuenta y antes de que Gantenbeín dijera nada, ella le señalaba muy sutilmente el instrumento; él lo reconocía y lo pedía y ella se lo daba; así, con la ayuda de Emilia, Gantenbein, salió bien de aquel examen.
Luego de la cirugía ya en el comedor, él les contaba a sus compañeros y amigos lo que le había sucedido en sala de operaciones y de como Emilia le había ayudado. Cuando Emilia pasó por ahí, junto a su Emilio, ella los saludó, siempre con una sonrisa en sus labios.
- ¡Buen provecho doctores! Ellos, le dieron las gracias y Gantenbeín la llamó a la mesa.
- Emilia, quiero agradecerle aquí frente a mis amigos, la invaluable ayuda que me dió en sala de operaciones. ¡Nunca lo olvidaré!
- ¡No te preocupes mi muchacho! no eres el primero, ni el último. _¡Fue un placer Doctor! Y, con la sonrisa en sus labios y Emilio en su mano se retiró.
Un día, a dos años de aquel incidente, llegó el Dr. Marroquín al Hospital General y al llegar a la sala en donde se encontraban los médicos de turno, los encontró muy tristes y a Gantenbein llorando. Mientras caminaba por los pasillos, hasta llegar a esa sala, solo vio caras tristes y lagrimas, hasta en algunos pacientes.
- ¿Que pasó? _¿Por qué llora el Gantenbeín? Preguntó el Dr. Marroquín, con la misma arrogancia de siempre.
- Lo que pasó Dr. Le respondió el Dr. Efrén, es que el Hospital General y la universidad, tu alma mater, estamos de luto por la muerte de la enfermera auxiliar Emilia Martínez.
- ¡Si vos!, la misma que nunca te simpatizó y que te salvó el pellejo muchas veces.
La misma noble e increíble mujer, mi querida Emilia. Dijo el Dr. Diaz, con la vos quebrada. Luego de ello, el silencio invadió la sala de médicos y al resto del hospital.
Todos se preguntaban; ¿qué pasaría ahora con el adolescente de Emilio Martínez? quién quedaba en la orfandad y sin nadie por él en este mundo....
Continuará.....
martes, 16 de diciembre de 2014
Jack y Jill. Capitulo 3
El beso entre Jack y Jill, duró el tiempo suficiente para que la piel de Jill se estremeciera, mientras que Jack, ponía en practica todo lo aprendido con las audaces chicas de su barrio, luego de ese beso, siguieron muchos más, tantos como el tiempo que duró la película de los gatos pendejos que Jill luchó por ver.
Al finalizar la película fueron sorprendidos en un apasionado beso por las luces de la sala. Ella enrojeció, pues lo que ahí había sucedido era algo nuevo para ella, ese no era un lugar para darse tremendos besos, pero Jack era un experto en la materia que Jill sucumbió sin poner absoluta resistencia. Salieron de la sala del cine tomados de la mano y así abandonaron las instalaciones; se encaminaron por la calle con rumbo en busca de la parada de buses. Mientras éstos caminaban, Jill le reclama a Jack.
- ¡Jack! ¿cómo te has atrevido a besarme sin antes haberme pedido que fuera tu novia? Jack caminaba y la ignoraba, no sin antes colocarle el brazo sobre los hombros a Jill, a quien ahora la llevaba abrazada por las calles. Ella insistía con lo mismo.
- No dejaré que me besos más, hasta que no me pidas que sea tu novia. Jack, quien era un tipo con escuela callejera, la acercó hacia él con el brazo que le llevaba sobre sus hombros hasta acercarla a él y propinarle otro beso; besos nuevos para una socialité. Ella, se derretía con cada beso que Jack le daba, su cuerpo se aguadaba por completo, sus piernas la traicionaban al grado de que ella sentía que en ese instante flotaba mientras caminaba. Cuando Jack terminó de acariciar sus labios y esculcar la cavidad bucal con su lengua, ella, al volver en sí, regresaba con lo mismo.
- ¡Lo hiciste de nuevo! ¿quién crees que soy? _¿Dime qué somos? _¿Soy o no tu novia? Le insistía Jill a un Jack completamente dominante de la situación, a quien no le interesaba en lo más minimo las protestas de Jill.
- Dime Jill ¿cambiaría en algo? yo ya obtuve lo que quería; pero, está bien, para que dejes la fregadera...
- ¿Quieres ser mi novia? Jill, ya tranquila. Le contesta a Jack.
- Déjame pensarlo, ¡te contesto mañana! Ésto no le vino en gracia a Jack, quien le dice.
- ¿Sabes qué? ¡mejor, olvídalo y que te vaya bien!
- ¡¡No!! gritó Jill. _¿Cómo que te vas?
- ¡Estas friegue y friegue con lo del noviazgo y ahora me sales conque me respondes mañana!
- ¿Eres bipolar? _¡O me respondes ahora o, hasta aquí llegamos! La amenazó Jack.
- Está bien ¡acepto ser tu novia! Apenas terminó de decir ésto y Jack la besa de nuevo; esta vez, ella se olvidó de dónde estaba y colocó sus brazos sobre el cuello de Jack, mientras éste la besaba, Jill pensaba.
- Pero ¿qué estoy haciendo? parezco mi empleada y su novio; me he paseado por la calle de la mano de Jack; luego éste me ha abrazado; me ha besado y me cuestionó; y, ahora estoy dando éste espectáculo en plena calle del centro _¡Oh my God!
Pero, a pesar de que éstos eran sus pensamientos no podía dejar de besar a su Jack, quien ya era su novio.
Ese día terminó y cada quien tomó su transporte y se dirigieron a sus casas, mientras viajaban, ambos pensaban el uno en el otro y soñaban con volver a encontrarse lo más antes posible. Cuando Jack llegó a su casa le informan, que una tal Jill lo ha llamado como unas cinco veces; que por favor le devuelva la llamada a la señorita. Jack, coge el teléfono y la llama. Hablaron hasta muy entrada la noche diciéndose cosas hermosas, que se dicen los jóvenes enamorados. Ya para colgar, Jill le dice a Jack.
- Jack te invito a almorzar mañana.
- ¿Estás segura? pues, que yo recuerde a ti no te gusta invitar, pues eso va en contra de tus principios.
- ¡No seas malo! quiero invitarte y pasar la tarde contigo.
- Está bien _¿A dónde me llevarás?
- Te llevaré al restaurante... y le menciona un nombre que ni yo, ni Jack, podemos pronunciar, Jack le pregunta.
- ¿Dónde queda eso Jill? Inmediatamente Jill, le dice donde queda el dicho restaurante, a lo que Jack le responde.
- Y, ¿cómo se llega ahí? _¿qué bus me llevará hasta ahí? Jill sonríe y le dice.
- Por ahí no pasan buses del colectivo. _Pero no te preocupes, llega al lugar de siempre y yo te recojo en mi carro.
Así lo hicieron y al día siguiente, Jack se encontraba con su única ropita decente, esperando a Jill; quien al verlo detuvo su Mercedes Benz deportivo frente a él. Jack quedo estupefacto y luego, de un brinco se metió en el coche. A lo que Jill le dice.
- La próxima, por favor abre la puerta. Y se hicieron hacia el restaurante.
Ya en él, en una mesa en un lugar especial de aquel fino lugar. Se acerca el mesero y luego de saludarlos y darles la bienvenida les ofrece la carta.
- ¿Desean la carta o quieren beber algo? Jill, pide vino para ambos, pero Jack le dice.
- Mejor una Cola.
- ¡No traiga lo que le pedí por favor!
- Como usted diga señorita. Luego de tomarse la copa de vino, regresa el mesero y les pregunta, que si quieren una entrada antes del plato fuerte.
- ¿Entrada? no sabia que aquí cobraban solo por entrar.
- ¡Jack por favor! _No le preste atención, mi acompañante es un bromista.
- ¡Ya veo! Dice el pedante del mesero.
- Tráiganos las entradas de la casa, por favor.
- ¡Excelente elección!
Más tarde regresa el mesero.
- Les recibo la orden. Jill de inmediato pide un plato con nombre raro.
- ¿Y el señor? Le pregunta el mesero a Jack
- ¡A mi tráigame un plato de frijoles, unos huevos estrellados y mucho arroz!
- ¿Perdón señor? Le dice el mesonero a Jack, levantando la ceja y mirándolo en forma despectiva.
- ¡Nooo! no le ponga atención, traiga lo mismo para los dos por favor.
- ¡Gracias señorita!
Una vez terminado el almuerzo llega el mesero con la cuenta.
- La cuenta señor. Jack lo mira a los ojos y sin recibirle la bandeja con la cuenta le dice.
- La señorita pagará, pues ella me invitó ¿no es así mi amor?
- ¡Claro, como no lo deduje antes! Dice el mesero con desagrado. Jill, coloca sobre la bandeja una tarjeta de crédito.
Por fin, salieron de aquel lugar y Jack le dice.
- La próxima, yo te invito; te llevaré al mercado central y verás lo que es comer de verdad.
- Con lo que aquí pagaste, comeríamos más de una semana a donde te llevaré Jill, le decía Jack con mucha emoción ya sentado en el lujoso carro.
- ¿Ahora a dónde vamos preguntó Jack? Jill lo llevó a un lugar especial, un mirador que queda a las afueras de la ciudad y en ese lugar pasaron la tarde ambos, besándose. Con cada beso Jill sentía que amaba más a Jack. El tiempo transcurrió y Jill se acostumbraba más a las locuras de su Jack y ahora frecuentaban lugares antes impensables por Jill. Comieron en el mercado central y a Jill le gustó, caminaban por las calles del centro tomados de la mano y otras veces abrazados; para Jill, aquello era normal ahora. Algunas veces fueron al zoológico y se la pasaron como nunca.
En una de tantas salidas, una tarde alguien les atravesó un carro, otro parecido al de Jill, el tipo que en el se conducía; les dice.
- Así que con éste andas ahora no Jill. Lo dice de una manera tan despectiva, que ve al desgarbado de Jack de pies a cabeza. Jill y Jack lo ignoran y siguen con su paseo.
- ¿Quién era ese tipo?
- Era mi ex, con quien casi me caso. _¡Que bueno que no lo hice!
El tiempo siguió y ambos eran inmensamente felices.
- Jill, quisiera que conocieras a mi familia, les he hablado tanto de tí. _Qué te parece? A Jill, eso no le hizo mucha gracia y se salió por la tangente, pues pensó que seguramente, después Jack querría conocer a los de ella o a sus amigos y eso ni pensarlo.
Un día que Jill no quiso salir con Jack, disculpándose con un compromiso ineludible familiar Jack decide aventurarse y lo hace; se dirige a la casa de Jill; luego de bajarse del bus y de caminar casi cinco kilómetros, pues por donde Jill vive, ahí no llegan los buses del servicio urbano; por fin llegó a la entrada de las mansiones y en la garita el policía lo detiene. Luego de varios minutos de platica con el señor de la vigilancia, Jack se lo gana y éste le permite ingresar diciéndole cual era la casa de la señorita Jill y que efectivamente ella se encontraba en su casa. Aunque Jack, solo llegó al lugar por curiosar, pues según él, ella no se encontraba allí. Cuando el policía le indicó que Jill se encontraba en casa, conociendo a Jack, éste no dudo y a la casa se dirigió y toco a la puerta, salió una de las empleadas del servicio y Jack por Jill preguntó, lo hizo con tanta seguridad que la joven lo dejó ahí y se dirigió a los jardines de la casa, en donde Jill se encontraba con sus amigos disfrutando de una tarde soleada en la piscina de su casa.
- Señorita, afuera está un joven algo peculiar que pregunta por usted. Jill de inmediato pensó
- ¡¡Jack!! No, no puede ser. Se dijo ella misma.
- ¿Como es el joven Martita? Martita se lo describió y efectivamente la descripción coincidía con Jack. Jill se colocó una prenda para cubrir su biquini y se dirigió a la puerta, cuando salió la cerró y a fuera lo atendió.
- Jack ¿qué haces aquí?
- Vine a visitar a mi novia _Eso somos ¿verdad?
- Claro mi amor. Entonces Jack la quiso besar y ello lo detuvo.
- ¡Aquí no Jack! _Será mejor que te vayas, nos vemos mañana ¿te parece? Jack sintió un nudo en su garganta y aceptó y, de ahí se retiró.
- ¡Adiós Jill! Le dijo Jack a su novia.
- ¡Hasta mañana mi amor! Le dió un piquito muy camuflado.
Jack se fué del lugar muy triste y Jill al regresar con sus amigos, sintió un vacío en su estómago pues, en ese momento presintió que había perdido a su Jack; aquel que le habia cambiado el mundo por completo, aquel que la habia hecho feliz como nunca. Jill regresó corriendo, pero cuando abrió la puerta ya no vió a Jack y en ese mismo momento llegaba a la casa su ex novio quien se la llevo para adentro con el resto de sus amigos.
- ¡Bienvenida de nuevo a la cordura Jill!
Así termino un gran amor; un amor que nunca debió de ser, tal cual Romeo y Julieta, solo que en ésta historia los protagonistas no mueren, ellos matan algo mas sublime, matan al amor que ambos habían encontrado. Una historia de amor más, rota por las diferencias sociales.
Pero, que tanto Jill como Jack nunca podrán olvidar; no podrán olvidar esos momentos que ambos vivieron, pues siempre habrá algo que los unirá hasta el ultimo día de sus vidas, un lazo que nada ni nadie romperá y, es el amor que ambos aún sentían el uno por el otro y que el orgullo y sus diferencias habían logrado dividir.
Con el paso de los años; Jill les contaba a sus nietos, una aventura entre un plebeyo y una princesa a la que había hecho muy feliz. Llevándola por lugares impensados para ella, que con él había conocido lugares peligrosos llenos de dragones y bandidos; pero que su plebeyo la había defendido siempre. Historias como éstas, eran las preferidas de sus nietos.
Mientras que Jack, tambien les contaba a los suyos; como él había conocido a una princesa a la que por un tiempo se robo del castillo real y que ambos habían realizado miles de aventuras, hasta que un enorme gigante; los había separado para siempre....
Ésta, fué la historia de un gran amor... la historia de... Jack y Jill
Al finalizar la película fueron sorprendidos en un apasionado beso por las luces de la sala. Ella enrojeció, pues lo que ahí había sucedido era algo nuevo para ella, ese no era un lugar para darse tremendos besos, pero Jack era un experto en la materia que Jill sucumbió sin poner absoluta resistencia. Salieron de la sala del cine tomados de la mano y así abandonaron las instalaciones; se encaminaron por la calle con rumbo en busca de la parada de buses. Mientras éstos caminaban, Jill le reclama a Jack.
- ¡Jack! ¿cómo te has atrevido a besarme sin antes haberme pedido que fuera tu novia? Jack caminaba y la ignoraba, no sin antes colocarle el brazo sobre los hombros a Jill, a quien ahora la llevaba abrazada por las calles. Ella insistía con lo mismo.
- No dejaré que me besos más, hasta que no me pidas que sea tu novia. Jack, quien era un tipo con escuela callejera, la acercó hacia él con el brazo que le llevaba sobre sus hombros hasta acercarla a él y propinarle otro beso; besos nuevos para una socialité. Ella, se derretía con cada beso que Jack le daba, su cuerpo se aguadaba por completo, sus piernas la traicionaban al grado de que ella sentía que en ese instante flotaba mientras caminaba. Cuando Jack terminó de acariciar sus labios y esculcar la cavidad bucal con su lengua, ella, al volver en sí, regresaba con lo mismo.
- ¡Lo hiciste de nuevo! ¿quién crees que soy? _¿Dime qué somos? _¿Soy o no tu novia? Le insistía Jill a un Jack completamente dominante de la situación, a quien no le interesaba en lo más minimo las protestas de Jill.
- Dime Jill ¿cambiaría en algo? yo ya obtuve lo que quería; pero, está bien, para que dejes la fregadera...
- ¿Quieres ser mi novia? Jill, ya tranquila. Le contesta a Jack.
- Déjame pensarlo, ¡te contesto mañana! Ésto no le vino en gracia a Jack, quien le dice.
- ¿Sabes qué? ¡mejor, olvídalo y que te vaya bien!
- ¡¡No!! gritó Jill. _¿Cómo que te vas?
- ¡Estas friegue y friegue con lo del noviazgo y ahora me sales conque me respondes mañana!
- ¿Eres bipolar? _¡O me respondes ahora o, hasta aquí llegamos! La amenazó Jack.
- Está bien ¡acepto ser tu novia! Apenas terminó de decir ésto y Jack la besa de nuevo; esta vez, ella se olvidó de dónde estaba y colocó sus brazos sobre el cuello de Jack, mientras éste la besaba, Jill pensaba.
- Pero ¿qué estoy haciendo? parezco mi empleada y su novio; me he paseado por la calle de la mano de Jack; luego éste me ha abrazado; me ha besado y me cuestionó; y, ahora estoy dando éste espectáculo en plena calle del centro _¡Oh my God!
Pero, a pesar de que éstos eran sus pensamientos no podía dejar de besar a su Jack, quien ya era su novio.
Ese día terminó y cada quien tomó su transporte y se dirigieron a sus casas, mientras viajaban, ambos pensaban el uno en el otro y soñaban con volver a encontrarse lo más antes posible. Cuando Jack llegó a su casa le informan, que una tal Jill lo ha llamado como unas cinco veces; que por favor le devuelva la llamada a la señorita. Jack, coge el teléfono y la llama. Hablaron hasta muy entrada la noche diciéndose cosas hermosas, que se dicen los jóvenes enamorados. Ya para colgar, Jill le dice a Jack.
- Jack te invito a almorzar mañana.
- ¿Estás segura? pues, que yo recuerde a ti no te gusta invitar, pues eso va en contra de tus principios.
- ¡No seas malo! quiero invitarte y pasar la tarde contigo.
- Está bien _¿A dónde me llevarás?
- Te llevaré al restaurante... y le menciona un nombre que ni yo, ni Jack, podemos pronunciar, Jack le pregunta.
- ¿Dónde queda eso Jill? Inmediatamente Jill, le dice donde queda el dicho restaurante, a lo que Jack le responde.
- Y, ¿cómo se llega ahí? _¿qué bus me llevará hasta ahí? Jill sonríe y le dice.
- Por ahí no pasan buses del colectivo. _Pero no te preocupes, llega al lugar de siempre y yo te recojo en mi carro.
Así lo hicieron y al día siguiente, Jack se encontraba con su única ropita decente, esperando a Jill; quien al verlo detuvo su Mercedes Benz deportivo frente a él. Jack quedo estupefacto y luego, de un brinco se metió en el coche. A lo que Jill le dice.
- La próxima, por favor abre la puerta. Y se hicieron hacia el restaurante.
Ya en él, en una mesa en un lugar especial de aquel fino lugar. Se acerca el mesero y luego de saludarlos y darles la bienvenida les ofrece la carta.
- ¿Desean la carta o quieren beber algo? Jill, pide vino para ambos, pero Jack le dice.
- Mejor una Cola.
- ¡No traiga lo que le pedí por favor!
- Como usted diga señorita. Luego de tomarse la copa de vino, regresa el mesero y les pregunta, que si quieren una entrada antes del plato fuerte.
- ¿Entrada? no sabia que aquí cobraban solo por entrar.
- ¡Jack por favor! _No le preste atención, mi acompañante es un bromista.
- ¡Ya veo! Dice el pedante del mesero.
- Tráiganos las entradas de la casa, por favor.
- ¡Excelente elección!
Más tarde regresa el mesero.
- Les recibo la orden. Jill de inmediato pide un plato con nombre raro.
- ¿Y el señor? Le pregunta el mesero a Jack
- ¡A mi tráigame un plato de frijoles, unos huevos estrellados y mucho arroz!
- ¿Perdón señor? Le dice el mesonero a Jack, levantando la ceja y mirándolo en forma despectiva.
- ¡Nooo! no le ponga atención, traiga lo mismo para los dos por favor.
- ¡Gracias señorita!
Una vez terminado el almuerzo llega el mesero con la cuenta.
- La cuenta señor. Jack lo mira a los ojos y sin recibirle la bandeja con la cuenta le dice.
- La señorita pagará, pues ella me invitó ¿no es así mi amor?
- ¡Claro, como no lo deduje antes! Dice el mesero con desagrado. Jill, coloca sobre la bandeja una tarjeta de crédito.
Por fin, salieron de aquel lugar y Jack le dice.
- La próxima, yo te invito; te llevaré al mercado central y verás lo que es comer de verdad.
- Con lo que aquí pagaste, comeríamos más de una semana a donde te llevaré Jill, le decía Jack con mucha emoción ya sentado en el lujoso carro.
- ¿Ahora a dónde vamos preguntó Jack? Jill lo llevó a un lugar especial, un mirador que queda a las afueras de la ciudad y en ese lugar pasaron la tarde ambos, besándose. Con cada beso Jill sentía que amaba más a Jack. El tiempo transcurrió y Jill se acostumbraba más a las locuras de su Jack y ahora frecuentaban lugares antes impensables por Jill. Comieron en el mercado central y a Jill le gustó, caminaban por las calles del centro tomados de la mano y otras veces abrazados; para Jill, aquello era normal ahora. Algunas veces fueron al zoológico y se la pasaron como nunca.
En una de tantas salidas, una tarde alguien les atravesó un carro, otro parecido al de Jill, el tipo que en el se conducía; les dice.
- Así que con éste andas ahora no Jill. Lo dice de una manera tan despectiva, que ve al desgarbado de Jack de pies a cabeza. Jill y Jack lo ignoran y siguen con su paseo.
- ¿Quién era ese tipo?
- Era mi ex, con quien casi me caso. _¡Que bueno que no lo hice!
El tiempo siguió y ambos eran inmensamente felices.
- Jill, quisiera que conocieras a mi familia, les he hablado tanto de tí. _Qué te parece? A Jill, eso no le hizo mucha gracia y se salió por la tangente, pues pensó que seguramente, después Jack querría conocer a los de ella o a sus amigos y eso ni pensarlo.
Un día que Jill no quiso salir con Jack, disculpándose con un compromiso ineludible familiar Jack decide aventurarse y lo hace; se dirige a la casa de Jill; luego de bajarse del bus y de caminar casi cinco kilómetros, pues por donde Jill vive, ahí no llegan los buses del servicio urbano; por fin llegó a la entrada de las mansiones y en la garita el policía lo detiene. Luego de varios minutos de platica con el señor de la vigilancia, Jack se lo gana y éste le permite ingresar diciéndole cual era la casa de la señorita Jill y que efectivamente ella se encontraba en su casa. Aunque Jack, solo llegó al lugar por curiosar, pues según él, ella no se encontraba allí. Cuando el policía le indicó que Jill se encontraba en casa, conociendo a Jack, éste no dudo y a la casa se dirigió y toco a la puerta, salió una de las empleadas del servicio y Jack por Jill preguntó, lo hizo con tanta seguridad que la joven lo dejó ahí y se dirigió a los jardines de la casa, en donde Jill se encontraba con sus amigos disfrutando de una tarde soleada en la piscina de su casa.
- Señorita, afuera está un joven algo peculiar que pregunta por usted. Jill de inmediato pensó
- ¡¡Jack!! No, no puede ser. Se dijo ella misma.
- ¿Como es el joven Martita? Martita se lo describió y efectivamente la descripción coincidía con Jack. Jill se colocó una prenda para cubrir su biquini y se dirigió a la puerta, cuando salió la cerró y a fuera lo atendió.
- Jack ¿qué haces aquí?
- Vine a visitar a mi novia _Eso somos ¿verdad?
- Claro mi amor. Entonces Jack la quiso besar y ello lo detuvo.
- ¡Aquí no Jack! _Será mejor que te vayas, nos vemos mañana ¿te parece? Jack sintió un nudo en su garganta y aceptó y, de ahí se retiró.
- ¡Adiós Jill! Le dijo Jack a su novia.
- ¡Hasta mañana mi amor! Le dió un piquito muy camuflado.
Jack se fué del lugar muy triste y Jill al regresar con sus amigos, sintió un vacío en su estómago pues, en ese momento presintió que había perdido a su Jack; aquel que le habia cambiado el mundo por completo, aquel que la habia hecho feliz como nunca. Jill regresó corriendo, pero cuando abrió la puerta ya no vió a Jack y en ese mismo momento llegaba a la casa su ex novio quien se la llevo para adentro con el resto de sus amigos.
- ¡Bienvenida de nuevo a la cordura Jill!
Así termino un gran amor; un amor que nunca debió de ser, tal cual Romeo y Julieta, solo que en ésta historia los protagonistas no mueren, ellos matan algo mas sublime, matan al amor que ambos habían encontrado. Una historia de amor más, rota por las diferencias sociales.
Pero, que tanto Jill como Jack nunca podrán olvidar; no podrán olvidar esos momentos que ambos vivieron, pues siempre habrá algo que los unirá hasta el ultimo día de sus vidas, un lazo que nada ni nadie romperá y, es el amor que ambos aún sentían el uno por el otro y que el orgullo y sus diferencias habían logrado dividir.
Con el paso de los años; Jill les contaba a sus nietos, una aventura entre un plebeyo y una princesa a la que había hecho muy feliz. Llevándola por lugares impensados para ella, que con él había conocido lugares peligrosos llenos de dragones y bandidos; pero que su plebeyo la había defendido siempre. Historias como éstas, eran las preferidas de sus nietos.
Mientras que Jack, tambien les contaba a los suyos; como él había conocido a una princesa a la que por un tiempo se robo del castillo real y que ambos habían realizado miles de aventuras, hasta que un enorme gigante; los había separado para siempre....
Ésta, fué la historia de un gran amor... la historia de... Jack y Jill
viernes, 12 de diciembre de 2014
Misión H2O
Dos agentes de la agencia especial Misión H2O, acudieron a una denuncia hecha por los vecinos de Pablo. Parquearon su patrulla frente a la casa de Pablo, se bajaron los dos policías y entraron a la casa de Pablo, llegaron a la puerta principal y uno de ellos, llamó por el timbre; mientras que, el otro se dirigió hacia un mini jardín que Pablo tenía en la parte frontal de su casa, sacó de un bolsillo especial que llevaba en su cinturón un artefacto muy parecido a un termómetro; lo introdujo en la tierra de la maceta y en la parte superior del artefacto, se encendió una luz de color rojo; era el indicativo de que la tierra de planta contenía una parte de agua, lo cual era imposible pues hacía tiempo que no llovía por ese sector de la ciudad y éstas, solo podían ser regadas con agua de lluvia. ¡Nunca con agua potable! exclusiva para uso humano. Entonces, la única explicación era de que Pablo había regado a esas plantas con agua de consumo humano y de que las quejas recibidas de parte de los vecinos tenían fundamento.
Por ese tiempo, el agua potable había escaseado considerablemente y su uso era exclusivo para el consumo humano solamente.
- ¿Qué tienes ahí compañera? dijo el policía que esperaba que se le abriera la puerta.
- Tenemos una violación H2Ored; tendremos que arrestar al sujeto.
- ¡Enterado!
Mientras; Pablo escapaba de su casa por la parte trasera, a lo que de inmediato los vecinos pusieron en aviso a las autoridades.
- ¡Se escapa por la parte trasera de la casa! dijo, quizá quien lo había delatado con la autoridad.
- Compañera, avisa a la central, yo lo perseguiré.
- Enterada. Mientras el oficial corría por las calles del humilde barrio a Pablo, éste huía, como si de éso dependiera su vida -que de cierta manera no estaba tan lejos de ser cierto- Para ésto, la oficial informaba por radio a la central. El cuartel general: Misión H2O.
- ¡Atención central! tenemos una violación al código H2Ored; ¡manden refuerzos aéreos!
- ¡Aquí central copiado! _¡sale refuerzo aéreo! _¡cambio y fuera!
- ¡Atención agente Smith y agente Corzo! ¡tenemos un código rojo, en la avenida sur y 32!
- ¡Diantres Corzo! ¡deja esa porquería y date prisa, es una emergencia, código rojo! Le replicaba el agente Smith a su compañero de años, quien aun no se acostumbraba a lo que Corzo ahora era; un adicto a la cocaína. Luego de que hace unos diez años atrás ésta, ahora era legal en todo el mundo y los capos, amos del terror mundial en el pasado, ahora eran los políticos que gobernaban en las cumbres del poder mundial: Presidencias, Congresos, Senados, ONU, etc.
- ¡Ya voy, me queda una linea nada más! La absorbió, como un traficante de los años 2014 y se apresuró hacia donde se encontraban las naves aéreas. Corzo, llegó antes que Smith, a pesar de que éste le llevaba unos minutos de antelación; era obvio que la droga había hecho su efecto en Corzo.
De inmediato salió del parqueadero de naves aéreas, con los dos agentes especiales del AEPA, por sus siglas en español -Agentes Especiales Protectores del Agua-
En cosa de segundos, con esas aeronaves modernas impulsadas con un combustible; una mezcla de Hidrógeno y Helio. Descubrimiento latinoamericano hecho por el Profesor Efrén, con el cual había ganado el Premio Novel.
- ¡Mira Smith! seguramente ese es el transgresor.
- ¡Acércate a él. dijo un envalentonado de Corzo, por quien circulaba la droga en sus venas.
- ¿Estás seguro Corzo de no hacerte daño a ésta altura?
- Descuida compañero, tú solo colócate sobre él. Así lo hizo Smith y Corzo abrió la escotilla y se lanzó sobre el sospechoso. Cayendo como misil sobre su blanco.
- ¡Tienes derecho a guardar silencio....! le dijo sus derechos Corzo al fugitivo, a quien casi se le salia el corazón debido la agitación causada por la carrera que ya llevaba varios minutos; saltando cercas, librando basureros, personas, autos, etc.
También llegaron los dos oficiales, uno en el auto policíaco, mientras que el otro llegaba a pie, menos cansado que el fugitivo, seguramente por el entrenamiento de la academia militar y, ayudado por la droga que sin duda circulaba por sus venas.
Pablo, fue entregado por Corzo y Smith a los oficiales del orden, quienes se lo llevaron al cuartel general de la Misión H2O, para su interrogatorio por el mal uso de los pocos recursos del líquido que quedaban en el planeta.
- Otro más, que irá a las cárceles de las Islas Marías; si no explica satisfactoriamente ¿por qué desperdiciaba el vital líquido? Le comentaba Corzo a Smith.
Y, es que para esos años, el petróleo seguía abundando en el planeta, dado a que casi había quedado en desuso, el cual solo era utilizado ahora para la fabricación de artilugios de uso doméstico y de modas; algo que había causado estragos en los antiquísimos millonarios del medio oriente y otras partes del mundo, lugar en donde ese oro negro; muy contaminante, era abundante. Los ahora millonarios y controladores del vital líquido, el ahora llamado: Oro Transparente -el agua- eran los paises latinoamericanos como: Brasil, México, Canadá, Guatemala y otros por sus extensos territorios con abundantes bosques muy bien protegidos por las potencias mundiales que aún se mantenían vigentes y por los millones, que éstos paises latinoamericanos empleaban ahora para no dejar que sus yacimientos fueran invadidos y les fuera robados el vital y codiciado líquido, del cual dependían todos los seres vivos del planeta y que a pesar de tener un costo muy elevado, existían contrabandistas de ese recurso, dado a que el mercado negro era muy alto. El agua, ahora era como lo fué en su tiempo el petróleo, los diamantes, el mármol, animales exóticos, algunos ya extintos, la cocaína y todos los derivados de esas drogas, que un día fueron prohibidas. Esa era la realidad en esa época, una no muy distante de la presente.
Aunque muchas enfermedades mortales eran parte del pasado, aunque se habían encontrado fuentes de la juventud y el promedio de vida de la humanidad ahora era mucho mayor; nuevamente el mundo se veía amenazado por la extinción total de sus habitantes, debido la escasez del vital líquido; el oro transparente. Un líquido, que una vez fue abundante y que ahora era causante de contrabandos y de nuevas guerras; pareciera que nada hubiera cambiado, por el contrario, ahora el peligro era inminente para toda la humanidad, animales y plantas del planeta. Pues a éstas alturas la NASA, seguía buscando planetas que tuvieran lo necesario para la supervivencia, pero sus adelantos en materia de vuelos exploratorios espaciales, eran infructuosos.
Paralelamente a ésto, el famoso y galardonado, Dr. y Profesor Efrén hacía experimentos, sin aun tener éxito en tratar de convertir en agua potable la abundante agua salada de los océanos. Su teoría y experimentos, consistían en lograr diseñar un aparato que hiciera lo que el ciclo del agua hacía de manera natural; eso de que el agua se eleva a los cielos y luego cae como lluvia sobre la tierra, para ésta, luego penetrar en las entrañas de la tierra y entonces regresar por medio de yacimientos de agua dulce, para alimentar a los pocos ríos que aun quedaban en el planeta.
Otro experimento del Dr. Efrén y en donde siempre a basado sus exitosos descubrimientos, eran los insectos; él, a quienes los consideraba seres de otros mundos, con muchos enigmas en sus simples organismos, los cuales se adaptaban muy bien al planeta y más, aquellos que una vez fueron depredadores del hombre; por no decir, el único depredador natural del hombre -aparte del mismo hombre- las bacterias y los virus; éstos microorganismos, que habían causado tantas muertes en la historia humana y muertes en volumen, tal cual: epidemias y pandemias. Únicamente comparadas muchas veces con los campos de concentración, extermino causado por el segundo depredador del hombre... el mismo hombre.
- ¡Smith!.... ¡Corzo!... ¡Smith!.... ¡Corzo!.... Gritaba un militar que había llegado a las instalaciones de las oficinas del cuartel general de Misión H2O.
- ¡Tenemos una emergencia!
- ¡Preparense! ¡salimos de inmediato!
- ¡Es algo extremadamente grave y peligrosos para la humanidad.!...
Continuará....
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Jack y Jill. Capitulo 2
Jack y Jill, se encontraban en el lobby de los cines, ella decidiendo cual película podrían ver; mientras que Jack no sabía como disuadir a una chica decidida por no irse de aquel lugar sin entrar a una de las salas de cine.
- ¿Qué te parece ésta Jack? Preguntó Jill, un poco indecisa.
- O, tal vez ésta, ¿cuál prefieres tú? Jack sentía que su alma se escapaba de él, pues en sus bolsillos solo se encontraba para el pasaje de regreso a su casa en el transporte urbano.
- ¿Qué tal si caminamos y platicamos? Le propone un casi asustado Jack.
- ¡Jaja! tú y tus bromas, por ello es que quise salir contigo otra vez. Pero Jack no bromeaba. Él pensó,
- ¿Qué me pasa?
- Si siempre he sido yo quien pone las reglas del juego.
- Y, ésta no será la excepción. Se dió ánimos el pobre de Jack.
- ¡No bromeó!
- ¡Estoy hablando en serio! Le dijo Jack, con su vos en tono serio, a lo que ella no le prestó atención, pero si pensó.
- Ni que fuera la muchacha de mi casa, paseando por las calles con su pareja.
- Y ¿éste qué se cree?
- ¡Quiero ver ésta! Eligió Jill. La película que ella eligió, era la película de Disney "Los Aristogatos".
- ¿Caricaturas? Dijo Jack y pensó.
- De ésto me agarraré...
- ¡Estás loca!
- Si vamos a entrar, ¡veremos ésta! Dijo Jack muy seguro de sí. Se trataba de "Platoon" (Pelotón) una película de guerra. A lo que Jill se opuso de inmediato.
- ¡¡No!! tu me invitaste, ¡así que yo elegiré la película!
- ¿Acaso no eres un caballero?
- Lo soy, pero no entraré a ver a unos gatos pendejos, además, respecto a la invitación, yo, ya pagué a la película que tu elegiste y no es mía la culpa de que la sala estuviera a reventar.
- Es más, ahí estaríamos ahora viendo la película a no ser porque a la señorita no se le dió sentarse lejos de mi.
- Así que, o es Platoon o nos vamos a vagar por las calles. Esa fue la última palabra de Jack, muy decidido.
- ¡¡No!!
- Eso de caminar por las calles, no tiene discusión.
- ¡Veremos los Aristogatos y punto! Dijo Jill, tambien muy convencida de que ella tenía la razón y tambien, porque eso de caminar por las calles era de mucos. Entonces Jack hizo su magistral jugada.
- Bueno, si quieres ver a los Aristogatos esta bien, pero con una condición.
- ¿Cuál? ¡La que sea! Dijo Jill, convencida de que ésta diferencia entre ella y Jack, sería la vencedora.
- Bueno _dijo Jack_ ya que yo invite a ver la primera película, que tu no quisiste ver.
- ¿Si? ¿Qué? Respondió Jill.
- Entonces, veamos a los gatos pendejos.
- Pero eso sí, ¡tu pagas la entrada!
- ¡¡Quéee!! ¿estás loco? jamás he pagado yo, en una invitación.
- ¿Qué te sucede?
- Es eso o la caminata. Dijo un burro de Jack, quien vió la oportunidad de salir en caballo blanco y tambien por dentro rogaba a Dios que aceptara, pues tampoco tendría dinero para invitarla si al caminar por las calles se le antojara comer algo.
- ¡Esta bien! _dijo Jill_ Y pensó.
- No me lo puedo creer, yo, pagando a un hombre la entrada al cine.
- ¿Qué pasa conmigo? ¡debo de estar loca! Abrió su fina cartera, comprada en New York, sacó un billete con denominación de 100, que al pobre de Jack se le desorbitaron los ojos al ver un billete con tantos ceros.
- Toma, ve y paga _le dijo Jill_ pero ¡apúrate que nadie se de cuenta de que te estoy dando el dinero!
- ¡Oh Dios que vergüenza! A lo que respondió Jack, muy ofendido.
- Disculpa, pero el que invita paga en la taquilla _y agregó_ ve aquí te espero.
- Estas bromeando, ir a comprar yo los boletos.
- ¡Eso jamás! ¡jajaja! Sonrió toda nerviosa.
- ¡Apúrate! que ya va a empezar la función y, si no me tocara gritarle al del foco.
- ¡Qué vergüenza! otra vez... ¡no más! Sin mas que hacer, Jill, vió que no podría disuadir a su acompañante y, le pidió a Jack.
- Por lo menos, acompáñame ¿no? Jack se cruzo de brazos y se alejó de ella dejándola ahí parada con el billete en la mano. Entonces Jill se acercó a la taquilla y pidió las entradas.
- Dos boletos por favor. El despachador le sonrió, como dando a entender que sabía todo. Ella, tomo sus boletos y mientras esperaba el vuelto el taquillero le dice.
- ¡Difícil ponerse de acuerdo! Ella le arrebató el vuelto y se dirigió a donde la esperaba Jack. Cuando Jill llegó con él.
- Aquí tienes, no me harás entregarlos al receptor ¿verdad?
- Está bien, los entregaré yo, para que no digas que soy un desalmado. Se dirigieron hacia la entrada de la sala. Al pasar frente a la tienda de los poporopos, Jack le dice a Jill.
- Y ¡si me invitas a unos poporopos! Ella lo ve asombrada y el simplemente le coloca unos ojos y una sonrisa a lo Gato con Botas. Ella hace una mueca y se dirige a la tienda y compra los poporopos y unas aguas, para cada uno.
- Compra los pequeños, para que no gastes mucho, le dice Jack a Jill, en frente de la señorita. Jill, disimuladamente sonríe, pero con mucha clase.
- ¡Jaja! no le haga caso, él es un bromista empedernido.
- Los mas grandes por favor.
- Que conste que yo con la pequeña estaba bien, es más, hubieras comprado una y de ella habríamos comido los dos. Dijo un desobligado Jack, quien se dirigía hacia la entrada de la sala, dejando a Jill cargando con todo, cosa que a ella le causo una gran vergüenza; pero con la distinción de una gran dama del Jet Set, simplemente sonrió y alcanzó a Jill.
Cuando entraron a la sala, Jack se dirigió casi al centro de la sala o un poco más adelante, cosa que para Jill, tambien era algo no muy In, por lo que se quedo parada y le dice a Jack.
- ¡Aquí Jack! Ella se sentó casi en los primeros asientos, Jack se sentó a la par de ella y se acomodó de tal manera, que sus rodillas se apoyaron en los asientos delanteros.
- ¿Qué haces Jack? ¡siéntate bien! Jack, de mala gana se sentó correctamente, no sin dejar de advertirle a Jill, que al apagarse las luces se acomodaría de nuevo con sus rodillas en el asiento delantero; la pobre de Jill, veía para todos lados, para cerciorarse de que nadie los viera y porque no, si no había alguien que la conociera adentro en la sala de cine.
Mientras, Jack comía plácidamente sus poporopos, Jill al darse cuenta de que Jack se encontraba muy agusto comiendo sus poporopos, ignorándola completamente ella, con toda la delicadeza tambien comió los suyos; mientras que ella lo hacía de una manera muy educada el Jack sorbía su gaseosa, haciendo el típico ruido con la pajilla. Ella pensó.
- ¡Trágame tierra! Luego de varios minutos y de que pasaran por la pantalla algunos avances de los próximos estrenos, Jack que no frecuentaba aquellos cines, quiza si lo hacia, rara vez lo haría en una oportunidad al año o, quiza no.
Éste, se encontraba anonadado, cuando pasaban avances de estrenos de películas de acción.
- Esa, la vendré a ver ¿qué te parece? Le decía a Jill, como si se tratara de un niño, con mucha emoción.
Luego, cuando empezaron los comerciales, Jill le dice a Jack, solo para llamarle la atención, pues hacía rato que la había perdido y eso tambien la incomodaba, pues entre el circulo en el que ella frecuentaba; Jill era el centro de atención, entre amigas y no se diga entre sus amigos. Para retomar el control, ella le dice a Jack.
- ¿Qué te parece mi manicura? y, el color de mis uñas ¿no son bellísimas.
- Me las hice en... Para cuando Jill iba por ésta frase, y con su mano frente a la cara de Jack. Jack la interrumpe y la deja muda con ésta acción.
Jack le toma la mano a Jill y le entrelaza sus dedos entre los de ella. Cuando Jack hace ésto, Jill enmudeció y sintió que su cuerpo se le aguado, ella se resbalo un poco de su asiento, Jack la ve fijamente a los ojos, se le acerca y le entrega un beso en su boca que, Jill jamás olvidará...
Continuará....
- ¿Qué te parece ésta Jack? Preguntó Jill, un poco indecisa.
- O, tal vez ésta, ¿cuál prefieres tú? Jack sentía que su alma se escapaba de él, pues en sus bolsillos solo se encontraba para el pasaje de regreso a su casa en el transporte urbano.
- ¿Qué tal si caminamos y platicamos? Le propone un casi asustado Jack.
- ¡Jaja! tú y tus bromas, por ello es que quise salir contigo otra vez. Pero Jack no bromeaba. Él pensó,
- ¿Qué me pasa?
- Si siempre he sido yo quien pone las reglas del juego.
- Y, ésta no será la excepción. Se dió ánimos el pobre de Jack.
- ¡No bromeó!
- ¡Estoy hablando en serio! Le dijo Jack, con su vos en tono serio, a lo que ella no le prestó atención, pero si pensó.
- Ni que fuera la muchacha de mi casa, paseando por las calles con su pareja.
- Y ¿éste qué se cree?
- ¡Quiero ver ésta! Eligió Jill. La película que ella eligió, era la película de Disney "Los Aristogatos".
- ¿Caricaturas? Dijo Jack y pensó.
- De ésto me agarraré...
- ¡Estás loca!
- Si vamos a entrar, ¡veremos ésta! Dijo Jack muy seguro de sí. Se trataba de "Platoon" (Pelotón) una película de guerra. A lo que Jill se opuso de inmediato.
- ¡¡No!! tu me invitaste, ¡así que yo elegiré la película!
- ¿Acaso no eres un caballero?
- Lo soy, pero no entraré a ver a unos gatos pendejos, además, respecto a la invitación, yo, ya pagué a la película que tu elegiste y no es mía la culpa de que la sala estuviera a reventar.
- Es más, ahí estaríamos ahora viendo la película a no ser porque a la señorita no se le dió sentarse lejos de mi.
- Así que, o es Platoon o nos vamos a vagar por las calles. Esa fue la última palabra de Jack, muy decidido.
- ¡¡No!!
- Eso de caminar por las calles, no tiene discusión.
- ¡Veremos los Aristogatos y punto! Dijo Jill, tambien muy convencida de que ella tenía la razón y tambien, porque eso de caminar por las calles era de mucos. Entonces Jack hizo su magistral jugada.
- Bueno, si quieres ver a los Aristogatos esta bien, pero con una condición.
- ¿Cuál? ¡La que sea! Dijo Jill, convencida de que ésta diferencia entre ella y Jack, sería la vencedora.
- Bueno _dijo Jack_ ya que yo invite a ver la primera película, que tu no quisiste ver.
- ¿Si? ¿Qué? Respondió Jill.
- Entonces, veamos a los gatos pendejos.
- Pero eso sí, ¡tu pagas la entrada!
- ¡¡Quéee!! ¿estás loco? jamás he pagado yo, en una invitación.
- ¿Qué te sucede?
- Es eso o la caminata. Dijo un burro de Jack, quien vió la oportunidad de salir en caballo blanco y tambien por dentro rogaba a Dios que aceptara, pues tampoco tendría dinero para invitarla si al caminar por las calles se le antojara comer algo.
- ¡Esta bien! _dijo Jill_ Y pensó.
- No me lo puedo creer, yo, pagando a un hombre la entrada al cine.
- ¿Qué pasa conmigo? ¡debo de estar loca! Abrió su fina cartera, comprada en New York, sacó un billete con denominación de 100, que al pobre de Jack se le desorbitaron los ojos al ver un billete con tantos ceros.
- Toma, ve y paga _le dijo Jill_ pero ¡apúrate que nadie se de cuenta de que te estoy dando el dinero!
- ¡Oh Dios que vergüenza! A lo que respondió Jack, muy ofendido.
- Disculpa, pero el que invita paga en la taquilla _y agregó_ ve aquí te espero.
- Estas bromeando, ir a comprar yo los boletos.
- ¡Eso jamás! ¡jajaja! Sonrió toda nerviosa.
- ¡Apúrate! que ya va a empezar la función y, si no me tocara gritarle al del foco.
- ¡Qué vergüenza! otra vez... ¡no más! Sin mas que hacer, Jill, vió que no podría disuadir a su acompañante y, le pidió a Jack.
- Por lo menos, acompáñame ¿no? Jack se cruzo de brazos y se alejó de ella dejándola ahí parada con el billete en la mano. Entonces Jill se acercó a la taquilla y pidió las entradas.
- Dos boletos por favor. El despachador le sonrió, como dando a entender que sabía todo. Ella, tomo sus boletos y mientras esperaba el vuelto el taquillero le dice.
- ¡Difícil ponerse de acuerdo! Ella le arrebató el vuelto y se dirigió a donde la esperaba Jack. Cuando Jill llegó con él.
- Aquí tienes, no me harás entregarlos al receptor ¿verdad?
- Está bien, los entregaré yo, para que no digas que soy un desalmado. Se dirigieron hacia la entrada de la sala. Al pasar frente a la tienda de los poporopos, Jack le dice a Jill.
- Y ¡si me invitas a unos poporopos! Ella lo ve asombrada y el simplemente le coloca unos ojos y una sonrisa a lo Gato con Botas. Ella hace una mueca y se dirige a la tienda y compra los poporopos y unas aguas, para cada uno.
- Compra los pequeños, para que no gastes mucho, le dice Jack a Jill, en frente de la señorita. Jill, disimuladamente sonríe, pero con mucha clase.
- ¡Jaja! no le haga caso, él es un bromista empedernido.
- Los mas grandes por favor.
- Que conste que yo con la pequeña estaba bien, es más, hubieras comprado una y de ella habríamos comido los dos. Dijo un desobligado Jack, quien se dirigía hacia la entrada de la sala, dejando a Jill cargando con todo, cosa que a ella le causo una gran vergüenza; pero con la distinción de una gran dama del Jet Set, simplemente sonrió y alcanzó a Jill.
Cuando entraron a la sala, Jack se dirigió casi al centro de la sala o un poco más adelante, cosa que para Jill, tambien era algo no muy In, por lo que se quedo parada y le dice a Jack.
- ¡Aquí Jack! Ella se sentó casi en los primeros asientos, Jack se sentó a la par de ella y se acomodó de tal manera, que sus rodillas se apoyaron en los asientos delanteros.
- ¿Qué haces Jack? ¡siéntate bien! Jack, de mala gana se sentó correctamente, no sin dejar de advertirle a Jill, que al apagarse las luces se acomodaría de nuevo con sus rodillas en el asiento delantero; la pobre de Jill, veía para todos lados, para cerciorarse de que nadie los viera y porque no, si no había alguien que la conociera adentro en la sala de cine.
Mientras, Jack comía plácidamente sus poporopos, Jill al darse cuenta de que Jack se encontraba muy agusto comiendo sus poporopos, ignorándola completamente ella, con toda la delicadeza tambien comió los suyos; mientras que ella lo hacía de una manera muy educada el Jack sorbía su gaseosa, haciendo el típico ruido con la pajilla. Ella pensó.
- ¡Trágame tierra! Luego de varios minutos y de que pasaran por la pantalla algunos avances de los próximos estrenos, Jack que no frecuentaba aquellos cines, quiza si lo hacia, rara vez lo haría en una oportunidad al año o, quiza no.
Éste, se encontraba anonadado, cuando pasaban avances de estrenos de películas de acción.
- Esa, la vendré a ver ¿qué te parece? Le decía a Jill, como si se tratara de un niño, con mucha emoción.
Luego, cuando empezaron los comerciales, Jill le dice a Jack, solo para llamarle la atención, pues hacía rato que la había perdido y eso tambien la incomodaba, pues entre el circulo en el que ella frecuentaba; Jill era el centro de atención, entre amigas y no se diga entre sus amigos. Para retomar el control, ella le dice a Jack.
- ¿Qué te parece mi manicura? y, el color de mis uñas ¿no son bellísimas.
- Me las hice en... Para cuando Jill iba por ésta frase, y con su mano frente a la cara de Jack. Jack la interrumpe y la deja muda con ésta acción.
Jack le toma la mano a Jill y le entrelaza sus dedos entre los de ella. Cuando Jack hace ésto, Jill enmudeció y sintió que su cuerpo se le aguado, ella se resbalo un poco de su asiento, Jack la ve fijamente a los ojos, se le acerca y le entrega un beso en su boca que, Jill jamás olvidará...
Continuará....
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