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jueves, 20 de abril de 2017
Analogía (Mujer enamorada)
Ventisca fuerte, vientos fríos,
nubes grises, el calor se aleja de mí.
Lluvia, agua fría, gotas que golpean
y que se sienten cómo balas que dan en el blanco.
Abro mi paraguas para protegerme,
por un instante me siento segura.
La lluvia arrecia, a mi paraguas desarma.
Mi cuerpo se comienza a mojar,
el agua invade mi piel, se cuela por los poros.
Mi cabellera, completamente mojada,
me destila agua por mi cuerpo,
se confunde con mi propia tormenta.
Estoy empapada, descontrolada,
mi cuerpo tirita por el inclemente frío,
mi abrigo ya no me cubre,
ahora me da más frío, lo siento en mis huesos,
mi corazón late de prisa, pero tambien se quiere detener,
a consecuencia de lo que me ha dejado esta tempestad.
Solitaria estoy, nadie a mi alrededor, triste estoy,
nada me consuela, mi tarde ahora ya no es gris,
es negra; jamás hubo una más negra,
no paro de temblar, mi cuerpo empapado,
por mi rostro mil gotas que se confunden
con las que brotan de mis nubes grises,
que ahora tengo en medio del pecho,
relámpagos que se confunden con mi taquicardia.
En la distancia, si alguien me puede ver, lo que vera
es un cuerpo sin alma, mojado, desmejorado, preocupado,
del cual, caen gotas de agua, aunque la tempestad ya pasó,
pero aunque las nubes ahora ya son grises,
para mí el sol no aparece, no llegará para secar mi piel,
para dar calor. Quien sabe por cuanto tiempo.
Quiero morir, ese es el pensamiento que ahora tengo,
nada me da emoción alguna, en mí, ahora me acompañan
la depresión, la ansiedad, muero de miedo,
con un vacío en mi estómago, que se me confunde
con el dolor en mi corazón.
Parece que me dará un infarto, un ataque al corazón,
el que más sufrió en esta tempestad,
él quedó solitario en medio de esta desolada tormenta.
Así me ve, quien ahí sola me dejó, así me ve quien esté en la distancia,
un despojo, un perro callejero, sin amo, ni correa,
sin hogar, ni hueso para alimentarme.
Que triste, analogía, pero así ahora estoy.
No sé que hacer, ideas no vienen a mí, desorientada estoy,
ni siquiera sé, adonde ahora parada estoy, mi brújula me abandonó,
me traicionó, sin rumbo me dejó.
Barco a la deriva, con la quilla quebrada, sobre un mar de desilusiones,
en medio de la nada, aquí estoy, sin radio para pedir un SOS,
no tengo timón, mi motor se averió, el combustible se derramó,
barcaza a la deriva ahora estoy, dependo del vaivén de las olas.
¿A dónde me llevarán? ¿A dónde me arrastrarán? ¿Hacia que isla me escupirán?
Una que seguro no aparece en el mapa.
Hasta que un día, si es que tengo suerte y pase por acá una embarcación
para que me rescate. Sola estaré, soportando frío y hambre, enferma,
enfermedad que radica en mi corazón.
Mujer con tremenda desilusión, mi amor me a terminado,
sola y enamorada me ha dejado. ¿A cuanta mujer le habrá pasado?,
me terminaron sin razón alguna, ¿confiaré alguna vez en otro que me prometa amor?
Esa es la interrogante, pues con miedo he quedado, vacía en mis adentros,
corazón quebrado, imágenes en mi mente, que me llevan a momentos inmemorables
para de golpe traerme a mi maldito presente, horrenda realidad.
¿Quién me podrá consolar, me podrá guiar?, si en nadie puedo confiar.
Que maldad, enamorar para encontrar y poseer lo que quieren,
una vez utilizada..., desechada, hasta cuando esto será así.
Tendré el valor para encontrar en mí; la valía que poseo como persona,
como ser humano, hasta donde habré madurado para no buscar venganza
en otro que podría ser mi príncipe adorado o el hombre más malvado,
otro igual al que me ha dejado cobardemente sin decir nada, más que:
No eres tú, soy yo.
Y después de esa frase tan trillada, dio la vuelta y me dejó
sumergida entre tanta soledad, duda y dolor, demacrada por fuera;
acabada y asesinada por adentro.
Me han contado, que cada puntada que daré a mi corazón hecho añicos,
duele mucho más, de lo que me duele esta decepción.
¡Dios mío! dame valor para encontrar en mí, la brújula que creí pertenecía a él
y que sin él, no sé a donde ir, a quien acudir, en donde cubrir mi cuerpo desnudo,
porque con sus mentiras, se llevó mi vestido, el que según yo él me compró,
pero no fue así, sé que con el nací, pero se lo entregué o a lo mejor me lo robó.
Seguro eso fue, tonta de mí, entregar mi vestimenta sin antes haber conseguido
de él otra para esta trágica ocasión.
Esta podrá ser solamente una ocasión para demostrar de que estoy hecha,
para demostrar, que en las cenizas puedo encontrar respuestas
a estas dudas que hoy me atormentan, que hoy me matan, que hoy sin saberlo
o sin querer entenderlo, me harán mucho más fuerte, pues el vestido que ahora usaré
no será de seda, tela frágil.
De hoy en adelante, usaré una armadura, con cinturón de castidad, aunque mi castidad tambien se fue con él.
¡Maldición!, mi mente me decía no es él, pero mi corazón me traicionó
y me engañó; me dijo, es el indicado para ser una mujer plena, una mujer completa,
en pocas palabras, para ser: Una Mujer.
Pero lo que soy; un despojo, bisutería barata. ¿Quién querrá comprar mi fantasía?
pues de mis joyas y de mi oro, de mi valiosa fortuna, fui saqueada por filibustero
que hoy estará abordando otro barco, al que le invertirá parte de lo que de mí se llevó
para luego dejarla con su quilla quebrada y a merced de un embravecido mar
de soledad, esperando por alguien ser rescatada.
Pero soy mujer, ser que puede dar vida, por qué no puedo darle vida a mi vida,
nacer por mi vientre, amamántarme, hasta que pueda por mí misma valerme,
aprender a caminar sola de nuevo, a vestirme y amarrar mis zapatos.
Me colocaré y vestiré mis vestiduras y saldré de nuevo a la vida,
en busca de lo que hoy perdí, pues, perdí una batalla, más no la guerra,
esa está por verse, por llegar, por ser peleada, pero ahora estoy armada,
me acompañan el coraje, el valor y mucho, mucho amor..., para esta vez, salir vencedora.
miércoles, 19 de abril de 2017
Tipo con clase
Soy alguien con clase,
no busco en una mujer
algo que no sea amor.
Desde muchacho, me caractericé
por respetar a la mujer,
así se me educó,
respeto y admiración
a tan bello ser,
de nombre universal: Mujer.
Soy alguien con clase,
solo pretendí un beso,
no busque satisfacer
en mí un placer,
algo que hiriera a una mujer,
pero eran otros tiempos
diferentes a los de hoy.
Soy alguien con clase,
tal vez nadie me quiera hoy,
pero sigo intentando
mantener los preceptos,
que se me inculcaron,
ver a una mujer, como otro ser
con los mismos derechos que yo,
como varón.
Soy alguien con clase,
no lo digo yo, lo escuché toda mi vida:
"Es un caballero."
Siempre abrí la puerta del auto.
Le corrí la silla para que se acomodara.
Siempre caminó a mi lado,
nunca estuvo por detrás.
Cómo dice el viejo refrán:
Detrás de un gran hombre hay una
gran mujer...
Eso para mí, no está bien,
debería de ser:
Al lado de un gran hombre, hay una gran mujer...
Así es como debe ser.
El machismo es una mala praxis.
Soy alguien con clase,
algunos me criticaron y aun me critican hoy
y lo hacen con más fuerza.
Lo he escuchado hasta de alguna mujer.
Pobre, no se valora,
no se da cuenta que es templo,
que se le confió el laboratorio que da vida.
Cuida tu templo mujer,
debes ser, un ser, con clase también.
Soy alguien con clase,
alguien que se quiere superar
cada día más,
no por mí, si no por quien me acompaña
y me acompañará hacia los tiempos viejos,
quiero tener clase y ser ejemplo
para mis hijos y nietos también.
Soy alguien con clase,
que quiere seguir teniendo esa clase
que ya no se ve,
que más de alguna, hoy día extraña,
y que se nos ve,
cómo cosa de un lejano pasado,
algo que no tiene futuro.
Pero para mí, la clase será
lo que me difiera del grupo,
no pertenezco a ninguno,
por tener eso... Clase.
Soy alguien con clase,
si me quieres así, esta bien,
si no, esta bien también,
pues la clase, me hace aceptar una critica,
que me edifique o pretenda destruirme,
para mí, las dos me vienen bien,
eso me da clase.
Algo que hoy día, pocos traen.
O, ¿me dirás que no?
Return to me
Regresa a mí, no me dejes así,
esperando y sufriendo por ti,
con mis brazos abiertos y el corazón
revuelto en mil pedazos.
Te lo suplico, no me hagas añicos,
ya mucho he sufrido, por otras como tú,
no seas indiferente, ¿por qué empacas?,
¿te irás para siempre? dejándome así.
Verte así me parte el corazón,
alejándote de mí.
Regresa a mí, no me ves,
mis ojos te comienzan a extrañar,
si te vas, lleva contigo en esas maletas
mis lágrimas, mis quejidos, mi dolor
y a mi roto corazón.
Se marchó y nunca vio para atrás, hacía mí,
las dudas me atropellaron, me dijeron,
creo fue un reclamo; ¿qué hice para que te alejes así?
para no entregar una explicación,
para no escuchar de ti, ni si quiera un adiós.
Te vi desaparecer, cómo un día te vi llegar.
Ese día fue maravilloso, fue glorioso,
te refugiaste en mi regazo, me amaste,
te entregaste sin reserva alguna, feliz fui,
pero algo pasó, algo que no sé,
algo que nunca sabré.
A pesar de que el tiempo ha pasado
no te logro olvidar, sigues en mí, vives en mí,
sigo con mi corazón casi muerto,
con frío en mi cuerpo.
El tiempo pasó, un día,
sentado frente a mi tierra
con la vista perdida en la nada,
con pensamientos en vacío, algo me regresó en mí.
Una silueta, con dos maletas,
que aparecieron en la tierra sin nada;
un vacío en mi estómago sentí, mi corazón
de nuevo empezó a latir, el calor invadió mi cuerpo,
el frío me abandonó,
y yo, que me había acostumbrado a él.
Mi visión agudicé, tratando de enfocar
a la silueta que se dirigía hacía mí,
¿por qué la emoción me llegó y me regresó la vida,
la misma que con ella se fue?
La silueta no se detenía, del pavimento,
fantasmas del calor se abatían entre ellos,
sería el calor de aquel verano
o era el fuego en cada paso que la silueta daba,
sus maletas le daban equilibrio.
Sin embargo yo nada imaginaba.
Mis cansados y viejos ojos,
me exigían los lentes, pero estaban en mi cómoda,
al lado del viejo libro que juntos,
por las noches antes de dormir leíamos.
Poemas, de un poeta; que encontramos en la red;
hace mucho tiempo ya.
Despues de arrugar mas mi rostro
tratando de enfocar, para definir,
quien se encaminaba hasta mí.
Por fin, se paró frente a mí,
yo que me mecía cómodamente
con mis recuerdos en mente.
Me dije: ¿Quién es ella?
Sí, era una mujer, la que estaba frente a mí.
Yo no dije nada,
solamente la observé,
se le veía cansada de tanto tiempo,
vagando por el mundo sin freno alguno.
¡Hola, he vuelto!... Eso escuché,
pero su vos no me fue familiar,
era una mujer, de edad igual a mí,
pero se le veía mucho más cansada y demacrada.
Hola desconocida. Le respondí.
Perdón, ¿pero acaso la conozco señora?
Ella solamente sonrió y a sus maletas las soltó
sobre el suelo las colocó, esperando de mí
un pase adelante o un te estaba esperando.
Pero eso jamás se me cruzó por la mente,
mientras, ella seguía ahí enfrente.
¿No me reconoces? ¿me has olvidado?
Vaya que sorpresa,
después que tanto me rogaste
que no te dejara, que regresará.
Pues bien, ya estoy aquí,
he regresado a ti, tu suplica escuché,
recapacité y solo por ti volví.
Yo sonreí. Perdón señora,
pero creo que esta confundida
vea bien la dirección, pues para mí
sigue siendo una desconocida.
Usted dice que un día le pedí no me dejes así.
Eso no lo recuerdo, lo siento.
Pero a quien pude suplicar
que se quedara a mi lado, ella, esa mujer
a la que tanto amé, hace mucho tiempo que la enterré.
Aquí en mi pecho esta su tumba y en ella,
una cruz, en cuyo epitafio dice:
"Regresa a mí, no te alejes, no me dejes muriendo por ti.
El amor que siento por ti, no será eterno y el tiempo
me hará olvidar, a la que sin resentimiento
un día me abandonó"
Cómo ve, yo no espero a nadie,
mucho menos, extraño a ninguna.
Así que, recoja sus viejas valijas
y regrese por ese camino que la trajo aquí.
Pero, cómo me dices eso,
yo que nunca te olvidé y por ti regresé.
No me puedo alejar, no tengo a donde ir.
Eso no fue lo que aquella mujer me dijo,
ella salió en busca de aventuras
emociones y sensaciones que no recibía de mí.
Eso fue lo único que me dijo,
el día que la enterré en mi pecho.
Usted, si fuera ella, sería un fantasma para mí,
pero usted esta más viva que yo,
lo que sucedió, es que, el tiempo le dio alcance
y la vejes le llegó, ahora quiere un lugar
para su tiempo final terminar,
pero yo no estoy para cuidar a otro viejo
que no sea yo.
Así que la invito a que me deje solo,
con mis recuerdos, que son lo único que me quedó de ella.
No quiero dejar de ser un caballero,
así que aléjese por favor,
a usted por lo que veo, nunca le gustaron
los caballeros, de trajes decentes,
a usted, creo, le gustó la mezclilla,
la gente corriente; se le nota, por la ropa que viste,
vulgar y corriente, moda que ya no le queda a una señora.
Olvídese de que alguien la espera, al menos aquí no.
El viejo se puso de pie,
le ofreció un caballeroso saludo.
Se dirigió para adentro de su casa.
Ella le dijo.
Regresa a mí, no me dejes así,
esperando y sufriendo por ti,
con mis brazos abiertos y el corazón
revuelto en mil pedazos.
De respuesta solamente escuchó
el rechinar de una vieja puerta
y detrás de ella; el portazo...
La vieja levantó sus maletas que le daban equilibrio
y regresó, por donde llegó,
el viejo la observó desde la ventana
con una sonrisa en sus labios,
la satisfacción le rebozaba por sus poros
y pensó: Ahora puedo morir en paz.
Tarde lluviosa
Escuchando la lluvia sobre mi tejado
repetí su nombre sin querer
me sentí alejado y acongojado,
por no permitirme a esa mujer querer,
por haberle de mi lado alejado
sin haber escuchado, a esa mujer.
La lluvia seguía con su nostálgica canción;
esto agobiaba a mi corazón.
Los recuerdos me hicieron retroceder,
la nostalgia en mi corazón vi crecer,
pudo ser que esa mujer
me entregara todo su querer
y yo la alejé de mi lado, tal vez sin querer.
Se marchó, cómo las notas de una vieja canción.
Lo que fue una simple lluvia,
en tormenta se convirtió y eso me invadió,
a mi corazón atormentó.
Llegaron de golpe a mi mente
mil preguntas sin respuesta alguna.
La recordé, me sonrojé, lo disimulé
a pesar de que estaba solo,
pero me avergoncé.
Tuve al amor de una mujer
aquí a mi lado y la deje alejarse
sin la oportunidad de entregar su amor o su querer.
Fue cosa de cobardes,
hoy esa tempestad es mi vida, sin ella,
sin su amor, sin su querer.
A mi ventana la azotaba la inclemente lluvia
y el viento le acompañaba, ambos enojados,
encolerizados se escuchaban;
con mucha rabia, golpear a mi ventana,
cómo queriendo conmigo acabar.
Yo me asusté y la aseguré,
al acercarme a ella, la ventana,
creo que era ella, la mujer, la que vi
que con paraguas en mano se asomaba,
a mis ojos los limpié,
pues en ellos había otra tormenta, una salada,
que me recorría por el rostro,
sentí su sabor salado cuando llegó a mi boca,
una que se negó a beber de las mieles
del amor de aquella mujer.
Al limpiar el agua torrencial con sabor a sal
que me impedía ver a la mujer del paraguas,
ella ya no estaba allí, ya no estaba seguro.
¿Fue mi cabeza que me atormentó por un instante?
Pero no fue así, al regresar se encontraba en mi sala,
con sus ropas secas, sin agua alguna,
pero en sus ojos, otra tormenta, salada como la mía.
Yo al verla frente a mí, me asusté,
pero ella me sonrió, cómo diciendo;
no temas, no te asustes, pero eso no fue posible
y al suelo sin aliento me desplomé.
Cuando me desperté, creí: Un mal sueño,
una pesadilla, pero no era así, ella seguía ahí,
en sus ojos la tormenta con centellas y relámpagos,
y en sus labios la misma sonrisa,
una que me daba paz, me tranquilizaba,
ella se me acercó y me susurró...
¡Te amo!
Yo, no dije nada, solo imaginaba
que me daban otra oportunidad de ser feliz,
me puse de pie, mis piernas me temblaban,
no sé si de frío o de miedo.
Caminé y titubé, hasta que a ella llegué,
mis brazos extendí, la quise abrazar,
entregarme a su querer
pero mis brazos solo sintieron un frío glaciar,
siguieron de largo, como abrazando a la nada,
ella frente a mí, con aquella sonrisa y en sus ojos,
la tormenta seguía brotando, de sus ojos grises,
los que fueron tan azules,
cómo un cielo de verano o primavera.
Aquella tarde torrencial, apaciguaba afuera
más no adentro de mi hogar, en él,
ella y yo teníamos la tormenta más fuerte
que corazón nunca tuvo jamás.
Ella me habló, pero nada escuché,
sin embargo le entendí, ella sonreía,
yo lo intentaba, pero un nudo en la garganta
me lo impedía y otro en el corazón,
cómo la soga para el patíbulo,
esperando al condenado,
nada pude hacer, solamente le supliqué un perdón,
ella asintió y me consoló.
Ahora sé, que aquella mujer
a la que no deje querer
si que me amó, pero la perdí,
y esta vez fue para siempre.
Ella siguió para ahí, frente a mí...
martes, 18 de abril de 2017
¿Hasta cuándo?
¿Para cuándo lo sabrás?
Me pregunto ¿Cuándo?
Pasas y no volteas,
si me vieras, lo sabrías.
¿Para cuándo lo sabrás?
Que en mi vida eres mía
y de nadie más.
¿Cuándo lo sabrás?
Si no te vuelves a mirar.
¿Para cuándo lo sabrás?
Espero no sea demasiado tarde
y yo me canse de esperar,
y ese día si voltees a mirar,
pero yo ya no estaré,
solo a mi sombra encontrarás.
Para cuando lo sabrás;
seguro que me buscarás,
a mi sombra acosarás,
para que te diga donde estoy,
pero esta solo reirá.
Para cuando lo sabrás:
Afligida al tiempo escucharás.
Afligida en el espejo te verás.
Afligido tu corazón latirá.
Afligida por cualquier lado buscarás
pero ya no me encontrarás. (hallarás).
Para cuando lo sabrás;
mi sabor ya no estará en tus labios.
Tu cuerpo, extrañará las caricias de mis manos.
Tu espalada ya no sentirá mis miradas.
A mi sombras perseguirás y la acosarás.
Pero ella de ti se reirá.
Para cuando lo sabrás...
Un día me hallarás,
conmigo te toparás.
Me saludarás.
Y yo pensaré:
¿Quién es esta mujer,
que me ve con sensual mirar
y sonrisa, cómo si me conocieras?
Te diré: Perdón señora,
pero, yo a usted la desconozco.
Seguro al escuchar esto llorarás
y yo seguro seguiré mi andar,
tratando de recordar
pero no te recordaré.
Tarde lo supiste,
tarde te enteraste,
que hasta mi sombra
hoy se ríe y de ti se aleja...
¡Vaya moraleja!
No te hagas la de rogar,
cómo si nada en su momento sabrás,
que para cuando quieras
el tiempo de ti me alejará,
me iré a vivir mi vida
con el tic tac de un reloj.
Ya bastante por ti esperé y esperé,
que se me hizo muy tarde.
Mi amor,
que fue solo para ti,
y se aburrió de esperar y esperar.
Por tanto, hoy lo tiene otra mujer,
con quien feliz seré y por ella
ahora de ti ni me acuerdo.
Mujer que si supo ver
el amor que por ella tuve
en su momento y que no me hizo esperar.
Ahora te puedes largar
a hacer a otro por ti esperar.
¿Quién sabe, hasta cuando lo sabrás?
lunes, 17 de abril de 2017
Cada vez...
Cada vez puedo ver en ti,
que mueres por mí,
que vives por mí,
que respiras por mí,
que me amas a mí.
Tomo un respiro,
siento que suspiro,
y es por ti.
Cada vez puedo ver en ti,
transparencia eres para mí,
a través de ti veo,
veo como llenas de amor
tus pulmones con cada respiro,
veo como late tu corazón,
y cómo cuando me ves se agita.
Tomo otro respiro,
viene a mí otro suspiro,
es por ti y por mí.
Cada vez puedo ver en ti,
cómo se ilumina tu mirada,
cómo se sonrojan tu mejillas,
cómo te tiemblan las canillas
en cada paso hacía mí,
te veo sufrir, cuando no estoy en ti,
transparencia eres para mí.
Tomo un suspiro,
en cada respiro que doy
y es por ti,
pero tú no lo sientes
o no lo ves.
Cada vez puedo ver en ti,
cuando me gritas te amo
con una sencilla sonrisa,
cuando me gritas te amo
con una tímida mirada,
cuando me gritas que me amas
con un roce de nuestra piel,
cuando me gritas que te amo
con agitado pecho,
tu corazón se quiere venir
conmigo a vivir.
Tomo otro suspiro,
en cada vez que respiro,
es de orgullo, por saber que me perteneces,
que eres mía,
aunque aun no lo digas,
aunque aun no lo aceptes,
aunque aun no lo confieses con tu voz,
pero te delatas
en cada aliento que tomas.
Cada vez puedo ver en ti,
que me perteneces,
que ya eres mía sin tenerte,
sin estrenarte, sin poder besarte,
sin poder acariciarte,
la información me la trae el viento,
me lo trae en cada aliento
que dejas de tu cuerpo salir,
lo haces por mí,
lo haces para mí.
Tomo un último suspiro,
un último aliento,
para tomar valor
y me dirijo hacia ti,
me ves acercarme con seguridad,
tiemblas por adentro, sin saberlo
tambien yo tiemblo,
tengo miedo
inseguro me siento,
pero sigo con paso firme
y mi erguido pecho
late a mil, el tuyo a dos mil,
tu corazón grita
viene por mí,
el mío grita voy por ti,
hoy serás mía
y yo seré tuyo.
Entre tu y yo,
solamente el viento
que me trae tu aliento,
en él me llega
el miedo y con él la emoción
por el primero, esperado y ansiado beso.
Con las mismas ansias viajo yo,
en mi pensamiento
recreo ese momento
y veo en tu rostro
a tus mejillas enrojecer
ese brillo en la mirada
y tambien como se agita tu pecho,
pero lo que me da seguridad y vida
es tu sencilla sonrisa.
Pensar que me perteneces,
que soy tu dueño,
imaginar que te pertenezco,
que tengo dueña.
Cada vez veo en ti
ese amor que guardas para mí,
yo tomo un respiro
y en el se me escapa un suspiro,
el viento entre los dos
nos dice la verdad, nos trae el aroma
del amor que llevamos por adentro,
cada uno para el otro.
Bello momento,
bello sentimiento
del encuentro,
entre dos que se aman;
uno lo supo cuando te vi,
mientras el otro se lo dijo
cada suspiro que por él
del pecho se te escapó.
sábado, 8 de abril de 2017
Qué es amor.
El amor.
Todo lo perdona, todo lo comprende,
todo lo aguanta, todo lo comparte.
Nada reprocha, no hace preguntas,
no es respuesta, no es competencia.
No desespera, es paciencia,
es un camino para andar entre dos.
No es venganza, no es limosna,
no es lástima, no lastima.
El amor.
Es abrir el pecho de par en par,
es una caricia tatuada en la piel,
grabada en la mente, guardada en el pecho,
en la caja fuerte del corazón.
Es fuego en mis venas,
es luz en mis ojos
y un raro brillo en los tuyos.
Es verme en silencio
y escuchar sin interrumpir,
es dejarlo siempre ganar.
El amor.
Es una puesta de sol,
es luz de luna,
un arco iris de más de siete colores,
es una constelación de estrellas,
una estrella fugaz.
Es dejar dormir un poco más,
es dejarte amar sin pedir, ni preguntar,
es acercarse más, nunca alejarse.
Nunca será segundo,
siempre es primero,
eso y más es el amor...
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